
Pesaj Se trata de despertar de un estado de conciencia.
- Luis Alfredo De la Rosa
- hace 4 días
- 3 Min. de lectura
La mayoría de las personas asocian Pesaj, la Pascua judía, con reglas, restricciones, no comer pan, evitar alimentos con levadura. Se relacionan con Pesaj como un ritual que cumplir, una tradición que recordar, una ley que obedecer.
Pero cuando Pesaj se reduce a acciones externas sin una intención interna, no nos libera. De hecho, puede esclavizarnos aún más. Porque repetir símbolos sin comprenderlos convierte la sabiduría viva en hábito. Y el hábito sin conciencia es otra forma de esclavitud.
Pesaj nunca fue concebido como historia. La Torá es Emet (אֱמֶת) — verdad. No “verdadera una vez”, sino verdadera siempre. Si fuera solo un registro histórico, ya sería irrelevante.
El error está en leer la Torá como si fuera un libro de historia que el Creador le entregó a Moshé. No lo es.
Es un mapa de la conciencia.
Por eso la Hagadá insiste en que cada persona debe leer el relato como si ella misma estuviera siendo sacada de Mitzráyim. No sus antepasados. Ella. Ahora.
Lo que llamamos “esta vida” se siente sólida, urgente, absoluta. Pero Pesaj susurra algo inquietante y liberador al mismo tiempo: esta realidad no es lo último.
La existencia se despliega dentro de un campo infinito de conciencia — lo que los sabios llamaron Ein Sof (אֵין סוֹף), la mente infinita del Creador. Todo lo que experimentamos aparece dentro de esa conciencia ilimitada, como imágenes dentro de un sueño.
Pesaj es el momento en que el soñador comienza a recordar.
Comienza en Mitzráyim (מִצְרַיִם). Esta palabra significa mucho más que Egipto. Su raíz, meitzar, significa estrechez, compresión. Mitzráyim es el estado en el que la conciencia olvida su origen y cree que la ilusión es todo lo que existe. Donde el miedo se siente real, el tiempo se vuelve opresivo y la identidad parece fija.
La esclavitud no es primero física. Es la creencia de que esta perspectiva limitada es la verdad.
Pesaj (פֶּסַח) significa “saltar” o “pasar por encima”, pero místicamente significa ir más allá de la apariencia. Es el cruce desde la identificación con la superficie de la realidad hacia la conciencia del campo más profundo en el que la realidad aparece.
El Seh (שֶׂה), el cordero, representa la obediencia instintiva y el seguimiento inconsciente. En Mitzráyim era sagrado — es decir, gobernaba la conciencia. Tomarlo y consumirlo es recuperar la proyección. Lo que antes parecía externo y poderoso es reconocido como energía dentro de la conciencia. El miedo se disuelve cuando es visto, no cuando es adorado.
La marca en los postes de la puerta — las Mezuzot (מְזוּזוֹת) — señala un umbral entre estados de conciencia.
Una puerta es un paso entre mundos. Este acto declara: este espacio interior ya no está abierto a fuerzas inconscientes.
Pesaj comienza en realidad con la luna nueva del mes de Nisán (נִיסָן). La luna está invisible, pero plenamente presente. Esta es la gran enseñanza: la liberación comienza antes de que la luz sea visible. El despertar empieza cuando percibes la verdad sin evidencia.
Luego aparece el Malaj HaMavet (מַלְאַךְ הַמָּוֶת). Un malaj no es una criatura — es una fuerza. Lo que “muere” es el Bejor (בְּכוֹר), el primogénito: la identidad original del ego, el falso centro que creía estar separado de la Fuente.
Esto no es castigo. Es recuerdo. Cuando el falso centro colapsa, la conciencia regresa a su origen.
Solo entonces ocurre el éxodo — no desde una tierra, sino desde la ilusión.
Pesaj es la realización de que este mundo existe dentro de la mente infinita del Creador, no separado de ella.
Que no estás atrapado dentro de la realidad — la realidad aparece dentro de ti.
Pesaj no es historia.
Pesaj es despertar.
Y está ocurriendo ahora.




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