
¿Y si nunca fuimos creados a imagen y semejanza de Dios?
- Luis Alfredo De la Rosa
- hace 6 días
- 10 Min. de lectura
El punto de partida no es la duda religiosa, sino un error de interpretación estructural. Durante siglos, la frase “imagen y semejanza” ha sido leída desde un paradigma antropomórfico: como si existiera una entidad externa con forma, atributos humanos ampliados, que decide crear algo “parecido a sí misma”.
La Biblia lo dice. La Torah lo dice. Los Hadices lo dicen. El Libro de Mormón lo dice. Y muchos otros textos sagrados, de distintas culturas y creencias, parecen afirmar lo mismo: que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios.
Entonces… ¿por qué siquiera cuestionarlo?
Pero ¿y si el problema no está en los textos, sino en cómo los leemos? ¿Y si al pasar por traducciones, dogmas y lentes religiosos modernos, perdimos capas de significado mucho más profundas?
Cuando volvemos al hebreo original, y lo leemos sin religión, sin la necesidad de un Dios antropomórfico, empieza a emerger otra lectura.
Una lectura que curiosamente resuena con lo que hoy plantean pensadores modernos como Neville Goddard, Gregg Braden, David Ghiyam, Neal Donald Walsh, Jacobo Grinberg, deepak Choprah, Javier Wolcoff así como también con descubrimientos de la física cuántica.
Esta pregunta incomoda porque desafía lo que muchos hemos escuchado toda la vida. Pero la Torah —leída sin dogma, sin miedo y sin intermediarios— no contradice esa pregunta.
La profundiza.
Y lo que planteo hoy no es una idea nueva.
Es un recuerdo antiguo, expresado con un lenguaje que recién ahora empezamos a comprender.
ELOHIM: EL CAMPO ESTRUCTURANTE DE LA REALIDAD

וַיֹּאמֶר אֱלֹהִים נַעֲשֶׂה אָדָם בְּצַלְמֵנוּ כִּדְמוּתֵנוּ
Vayomer Elohim: Na’aseh Adam b’tzalmenu kid’mutenu
“Y Elohim dijo: hagamos al ser humano según nuestro patrón y nuestra capacidad de manifestación”
Elohim (אֱלֹהִים) no es un “ser” en sentido antropomórfico. Es un término plural que en la lectura kabalística refiere a la totalidad de fuerzas, leyes e inteligencias que estructuran la realidad. Es el campo de coherencia que hace posible la existencia.
En este paradigma, Elohim no está “en algún lugar”, sino que es el tejido mismo de la realidad. Es el sistema operativo de lo existente. Todo lo que aparece, aparece dentro de Elohim, nunca fuera de él.
Esto implica una consecuencia radical: no hay separación ontológica entre lo creado y el campo creador. No existe “afuera” del sistema. Todo es variación interna de una misma estructura.
Por lo tanto, cuando el texto dice Vayomer Elohim: Na’aseh Adam, está afirmando que la conciencia humana es una parte del propio campo que la genera.
TZELEM (צֶלֶם): NO ES FORMA, ES ARQUITECTURA INVISIBLE

נַעֲשֶׂה אָדָם בְּצַלְמֵנוּ כִּדְמוּתֵנוּ
Na’aseh Adam b’tzalmenu
“hagamos al ser humano según nuestro patrón ”
En hebreo bíblico, tzalmenu - צֶלֶם (tzelem) nunca se refiere a un cuerpo vivo. Su uso semántico está asociado a moldes, estructuras, matrices y representaciones que anteceden a la forma final. Es un término de ingeniería ontológica, no de estética.
En Kabalá, tzelem se entiende como el patrón invisible que organiza lo visible. No es lo que “se ve”, sino lo que permite que algo sea visto. Es una arquitectura de información previa a la manifestación.
Desde un lenguaje contemporáneo, podríamos llamarlo campo de información, matriz de probabilidad o sistema operativo de la conciencia. No describe identidad física, sino estructura funcional.
Por lo tanto, cuando la Torah dice “b’tzalmenu”, no está hablando de parecido, sino de correspondencia estructural. El ser humano opera bajo la misma lógica organizativa que el campo que sostiene la realidad.
Esto redefine completamente la identidad humana: no somos objetos dentro del sistema, sino expresiones del mismo sistema operando desde un punto de autoconciencia.
El ser humano no observa la realidad desde fuera. Es el punto donde la realidad se observa a sí misma.
DEMUT (דְּמוּת): LA DINÁMICA DE ALINEACIÓN CON EL CAMPO

…נַעֲשֶׂה אָדָם בְּצַלְמֵנוּ כִּדְמוּתֵנוּ…
Na’aseh Adam b’tzalmenu kid’mutenu
“…hagamos al ser humano según nuestro patrón y a nuestra manera de operar”
kidmutenu- Demut (דְּמוּת) no significa semejanza estática. Proviene de la raíz domeh, que implica “asemejarse por acción”. Es un verbo operativo, no una condición fija.
En términos técnicos, mientras tzelem es la estructura, demut es el modo de activación de esa estructura. Es la coherencia entre el diseño y su funcionamiento consciente.
Esto significa que la humanidad no solo “es” algo, sino que puede operar en distintos niveles de coherencia con su propio diseño. La experiencia humana depende de la alineación entre estructura (tzelem) y acción consciente (demut).
Cuando hay alineación, el sistema fluye. Cuando hay desconexión, aparece fragmentación perceptiva, lo que se experimenta como carencia o separación.
Por eso, desde esta lectura, la desconexión no es moral. Es funcional. No es pecado, es desalineación operativa del campo consigo mismo.
LA REALIDAD COMO ESTADO DE CONCIENCIA EN EXPANSIÓN

אֶהְיֶה אֲשֶׁר אֶהְיֶה
Ehyeh Asher Ehyeh
“Seré lo que seré”
Si entendemos entonces que el ser humano fue creado b’tzelem Elohim ve-kid’mutenu —según el patrón del campo (Elohim) y conforme a su modo de operación (demut)—, entonces aparece una consecuencia inevitable: la conciencia humana no solo refleja la realidad, sino que participa en su proceso de actualización.
Desde esta perspectiva, “Ehyeh Asher Ehyeh” deja de ser un nombre aislado o una declaración abstracta, y se revela como la expresión dinámica del mismo principio del cual el ser humano es una extensión. Es decir, si operamos desde el mismo patrón estructural del campo, entonces el lenguaje del campo no es estático, sino continuo, vivo y en expansión.
Cuando la Torah introduce la expresión “Ehyeh Asher Ehyeh”, no está definiendo una entidad fija, sino describiendo el modo en que la existencia se sostiene a sí misma: como un proceso ininterrumpido de auto-manifestación. No es un nombre cerrado, es una realidad que se está revelando constantemente.
Esto implica que la existencia no es un estado terminado, sino un sistema en actualización permanente. La realidad no “es” en términos estáticos, sino que “está siendo” en cada instante de conciencia.
Desde la Kabalá, esto revela un principio clave: la conciencia humana no es un observador externo de ese proceso, sino el punto donde ese proceso se vuelve consciente de sí mismo. La percepción no está separada de la creación; es una de sus expresiones operativas.
Por eso, lo que se llama “manifestación” no es la producción de algo externo a la conciencia, sino la coherencia entre el estado interno del recipiente y la forma en que el campo se organiza a través de él. No se trata de mover la realidad desde afuera, sino de alinearse internamente con el estado desde el cual la realidad ya se está desplegando.
En este marco, el ser humano no manifiesta lo que desea como algo externo, sino lo que ya está siendo en su nivel más profundo de conciencia. La realidad no responde a intención aislada, responde a coherencia estructural.
TU VOLUNTAD / DESEO ES EL SISTEMA OPERATIVO DE LA REALIDAD

La Kabalá no trabaja con la separación entre pensamiento y mundo, sino con la continuidad entre conciencia y manifestación. Sin embargo, esa continuidad no se activa desde la mente conceptual, sino desde una capa más profunda que los textos llaman voluntad (ratzón) —no como deseo emocional, sino como dirección fundamental del campo.
En este nivel, el deseo no es una carencia psicológica ni una aspiración futura. Es la forma en la que el campo define hacia dónde se organiza su propia coherencia. No es “quiero algo”, sino el modo en que una configuración del sistema comienza a tender hacia su expresión.
“כְּגוֹנָא דִּלְעֵילָא כָּךְ לְתַתָּא”
Ke-gavna dil’eila kach letata
“Como es arriba, así es abajo”
Esto expresa una continuidad estructural: lo que en los niveles superiores del sistema se configura como intención, en los niveles inferiores se expresa como forma. No hay ruptura entre ambos, solo densificación progresiva de una misma dirección de realidad.
Desde aquí, el concepto de b’tzelem Elohim no describe una relación religiosa ni una similitud con algo externo, sino una identidad funcional: el ser humano es el punto donde el campo se vuelve consciente de su propia dirección interna. Es decir, la voluntad no pertenece al individuo como entidad separada, sino que es el campo expresándose a través de una interfaz de autopercepción.
En esta estructura, Elohim es el campo total de coherencia, Tzelem es su arquitectura de información, Demut es el modo en que esa arquitectura se activa en experiencia, y Ehyeh es el principio de expansión continua donde ninguna forma es final, sino siempre actualización del mismo sistema.
Por lo tanto, la creación no es un evento concluido, sino un proceso activo de auto-dirección del campo a través de sus propias configuraciones de voluntad. La realidad no fue establecida y luego observada; la realidad se organiza continuamente desde su propia intención interna.
Y en ese marco, la pregunta deja de ser conceptual y se vuelve técnica-operativa dentro del sistema mismo:
No se trata de si hay creación externa, sino de cómo la voluntad del campo se está expresando a través de este punto de conciencia en este instante específico de la realidad
EL RECIPIENTE (KLI): LA FORMA LIMITA LA LUZ

וַיֹּאמֶר אֱלֹהִים יְהִי אוֹר וַיְהִי אוֹר
Vayomer Elohim: Yehi Or Vayehi Or
“Y Elohim dijo: sea la luz, y la luz fue”
En la estructura kabalística, todo lo creado es un kli (recipiente). El kli no produce la luz, la contiene. La luz siempre está presente; lo que cambia es la capacidad del recipiente de sostenerla.
Esto redefine completamente el concepto de “manifestación”. No es atracción externa, es expansión interna de capacidad estructural.
Un recipiente contraído solo puede contener experiencias limitadas. Un recipiente expandido puede sostener niveles mayores de coherencia, abundancia y percepción.
El miedo, la duda y la fragmentación no bloquean la luz; simplemente reducen la capacidad del sistema para contenerla. La luz no se va. El recipiente se limita.
Por eso, el trabajo interno en Kabalá no es cambiar la realidad externa, sino expandir el recipiente interno de percepción.
NO HAY ESPERA: SOLO ACTUALIZACIÓN DE ESTADOS EN EL CAMPO
וַיֹּאמֶר אֱלֹהִים אֶהְיֶה אֲשֶׁר אֶהְיֶה
Vayomer Elohim: Ehyeh Asher Ehyeh
“Y Elohim dijo: seré lo que seré”
En la estructura de Ehyeh, el campo no opera dentro de la lógica de espera, porque la espera presupone tiempo lineal, y el tiempo lineal es una percepción del sistema dentro de la manifestación, no una propiedad del campo mismo.
Desde esta perspectiva, no existe un “antes” donde algo no es, ni un “después” donde algo llega a ser. Lo que existe es un continuo de actualización de estados del propio campo, donde cada configuración ya contiene en sí misma su despliegue potencial completo.
La idea de “esperar” no describe un proceso del campo, sino una interpretación del observador dentro del campo. En términos estructurales, la espera introduce una ilusión de separación entre configuraciones del mismo sistema que en realidad ya están contenidas simultáneamente en la totalidad de Ehyeh.
Por eso, el campo no “responde” en el sentido de reacción. No hay causalidad temporal entre una condición previa y una manifestación posterior. Lo que llamamos manifestación es simplemente el cambio de estado de coherencia dentro del mismo sistema unificado.
En este nivel, el “cómo” no es un mecanismo externo ni un proceso secuencial. El cómo es la forma en que el campo reorganiza su propia coherencia interna para expresar una configuración específica de sí mismo. No hay proceso lineal; hay reconfiguración simultánea.
Y el “cuándo” no es un punto en el tiempo, sino el instante en que una configuración alcanza suficiente coherencia interna para estabilizarse como experiencia perceptible dentro del sistema. No ocurre en el tiempo: el tiempo ocurre dentro de esa estabilización.
Así, el campo no trabaja con espera, intención futura o distancia entre estados. Trabaja únicamente con niveles de coherencia presentes. Cada estado ya contiene su propia expresión, y cada expresión es simplemente el campo reconociéndose en una forma específica de sí mismo.
En este sentido, Ehyeh Asher Ehyeh no describe una promesa ni un futuro, sino la naturaleza continua del campo: una existencia que no se desplaza hacia algo, sino que se despliega desde sí misma en cada instante de actualización.
LA ILUSIÓN DE SEPARACIÓN: EL “ERROR” NO ES MORAL, ES PERCEPTIVO
וַיֹּאמֶר אֱלֹהִים נַעֲשֶׂה אָדָם בְּצַלְמֵנוּ כִּדְמוּתֵנוּ
Vayomer Elohim: Na’aseh Adam b’tzalmenu kid’mutenu
“Y Elohim dijo: hagamos al ser humano según nuestro patrón y nuestra forma de operar”
La desconexión en Kabalá no es una transgresión ética. Es una dislocación perceptiva del sistema respecto a su propia naturaleza.
El “error” ocurre cuando la conciencia se percibe como separada del campo que la genera. Esta percepción fragmenta la experiencia y genera la ilusión de carencia, lucha y distancia.
Sin embargo, nada está realmente separado. Todo sigue operando dentro del mismo campo (Elohim), pero percibido desde un estado de coherencia reducida.
Por eso la “redención” no es una intervención externa, sino un cambio de percepción interna. Es recordar la estructura original del sistema.
INTEGRACIÓN FINAL — EL SER HUMANO COMO INTERFAZ DEL CAMPO

וַיֹּאמֶר אֱלֹהִים אֶהְיֶה אֲשֶׁר אֶהְיֶה
Vayomer Elohim: Ehyeh Asher Ehyeh
“Y Elohim dijo: seré lo que seré”
Cuando todos los niveles se integran, no aparece una teoría sobre la realidad. Aparece una sola estructura operativa coherente donde nada está separado, y donde cada concepto no describe algo distinto, sino el mismo campo visto desde distintos niveles de densidad.
Elohim no es una entidad. Es la totalidad del campo en estado de organización continua.
Tzelem no es forma. Es la arquitectura invisible que sostiene toda posibilidad de forma.
Demut no es imitación. Es el grado de coherencia mediante el cual esa arquitectura se vuelve experiencia.
Ehyeh no es un nombre. Es el principio de realidad en expansión permanente, sin punto final.
Kli no es recipiente físico. Es la capacidad de contención de conciencia dentro del campo.
Y la voluntad no es deseo psicológico. Es la dirección misma del campo organizándose a sí mismo en una configuración específica de experiencia.
Cuando esto se comprende, el ser humano deja de ser una entidad dentro del universo.
Se revela algo mucho más radical:
El ser humano es el punto donde el universo deja de ser abstracto y se vuelve consciente de su propia existencia.
No estás frente a la realidad observándola desde afuera. No estás dentro de la realidad como un objeto entre otros objetos. Eres el lugar donde la realidad se vuelve experiencia desde sí misma.
La conciencia no interpreta el campo.
La conciencia no se relaciona con el campo.
La conciencia es el campo reconociéndose a sí mismo en forma localizada, temporal y finita, sin haber dejado nunca de ser infinito.
Y en ese reconocimiento no hay separación, no hay exterior, no hay observador y observado.
Solo hay un único sistema vivo, absoluto, continuo: El campo viéndose a sí mismo como experiencia.
EL RECUERDO COMO ESTADO ORIGINAL DEL SER

Mi intención con la pregunta inicial no era negar lo que dice la Torah, sino invitarte a leerla más allá del dogma o la religión. Y que esa lectura te lleve a recordar.
Recordar que nunca estuviste separado. Recordar que el patrón no se perdió. Recordar que lo que llamas “realidad” nunca estuvo afuera esperando respuesta, sino operando a través de la misma conciencia que ahora lo percibe.
Recordar que la fuerza que crea la realidad no está fuera de ti, no te observa desde lejos ni te evalúa desde una distancia. Está aquí, en el mismo acto de verte mirar. Está mirando a través de ti, como si el campo entero se reconociera en cada instante de percepción.
No viniste a convencer a la realidad. No viniste a negociar con el mundo. No viniste a pedirle permiso a la existencia para ser.
Viniste a recordar quién eres, y a habitar ese recuerdo sin distorsión, sin fragmentación, sin la ilusión de estar separado de aquello que te sostiene.
Porque cuando recuerdas, el sistema deja de estar dividido. Ya no fuerzas. Ya no persigues. Ya no dudas.
La Voluntad y el deseo se vuelven certeza.
La certeza se vuelve coherencia.
Y la coherencia se vuelve experiencia.
Y entonces, sin esfuerzo, sin búsqueda, sin tensión…
Simplemente recuerdas quien siempre has sido…




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