
Camina hacia ti – Parashat Lej Leja
- Luis Alfredo De la Rosa
- 27 oct 2025
- 4 Min. de lectura
“Lej Leja” — esas dos palabras que abren esta porción — son más que una orden divina; son un despertar del alma. Significan literalmente “ve para ti, hacia ti, dentro de ti”.No es solo un llamado a salir de un lugar físico, sino a salir del laberinto interno donde el alma se ha dormido.
Ayer, mientras caminaba con mi hija hacia una cafetería, le pregunté: “¿Qué entiendes por Camina para ti?” Ella me dijo: “No sé papi… es como caminar para llegar a algún lugar donde quiero ir.”
Y pensé: eso es exactamente lo que HaShem le dijo a Avraham. No camines para complacer al mundo, ni para cumplir expectativas externas. Camina hacia el lugar que tu alma anhela. Camina hacia la versión más luminosa de ti mismo.
Rab Daniel Kohn enseña que Lej Leja significa caminar para tu propio bien, caminar porque el movimiento mismo es crecimiento. Cuando decidimos avanzar, aunque no sepamos a dónde exactamente, activamos fuerzas invisibles que HaShem ya había dispuesto para abrirnos camino. Porque el verdadero milagro ocurre cuando damos el primer paso sin saber a dónde nos llevará.
Avraham: el buscador dentro de nosotros
El Zohar enseña que Avraham no es solo un hombre, sino un estado de conciencia. Representa la chispa dentro de nosotros que busca la verdad, que pregunta, que no se conforma con lo superficial. Avraham es el alma que se atreve a mirar el mundo y decir: “Esto no puede ser todo. Debe haber una Luz detrás de esto.”
Según el Zohar (I, 77b), Avraham simboliza la columna de Jesed, la energía del amor expansivo, el principio del despertar del alma. Es la primera emanación del alma que rompe con la idolatría del ego y siente el deseo de conectarse con la Unidad de HaShem.
Por eso, salir de Ur Kasdim/Ur de Caldea —la “tierra del fuego”— es salir del fuego de la confusión interna. “Ur” significa fuego, y “Kasdim” simboliza la ilusión de las creencias limitantes. Avraham deja ese fuego porque su alma anhela otro tipo de fuego: el fuego del amor divino, el que ilumina sin consumir.
Y HaShem le dice que vaya a Eretz Kenaán/La Tierra de Canaan. Según el Zohar, Kenaán viene de la raíz “lehachni’a” — humillarse, rendirse. Es la tierra interior de la humildad, donde el alma se rinde ante la voluntad divina. Avraham, dentro de nosotros, es el que se atreve a cruzar ese umbral: de la confusión del ego a la claridad del corazón.
Rebe Najman de Breslov decía: “Cuando una persona comienza a caminar hacia la verdad, el mundo entero parece oponerse. Pero si continúa caminando, la oposición se convierte en alas.” Eso fue lo que hizo Avraham. Y eso es lo que estamos llamados a hacer cada día: seguir caminando, incluso cuando el mapa se borra. Avraham es la voz interna que nos empuja a caminar hacia el recuerdo. Y cuando leemos su historia, no estamos leyendo sobre él. Estamos leyendo sobre nosotros hoy: sobre nuestra capacidad de atrevernos, de cuestionar, de creer en algo más grande.
El fuego que despierta

El Midrash dice que Avraham vio un palacio en llamas (birá doleket) y preguntó: “¿Acaso este palacio no tiene dueño?” Entonces el Dueño del palacio se asomó y le dijo: “Soy Yo.”
El palacio es el mundo, y las llamas son el caos y la confusión que percibimos. Pero el fuego también es interno. Es el fuego del alma que arde buscando respuestas. El Creador no se revela en medio del silencio del ego satisfecho, sino en medio de la llama del alma que busca, que arde, que no se conforma. Por eso el fuego no se apaga: porque el fuego es la vida misma.
El juego del amor y el recordar

Cuando HaShem dice Lej Leja, nos está diciendo: “Deja de buscarme afuera. Camina dentro de ti. Ahí es donde Yo habito.”
Y ese es el propósito más elevado del alma: recordar. Recordar que somos parte del Creador jugando a olvidar para poder volver a amar. Que la vida no es una prueba, sino un juego de amor y de memoria, donde cada paso, cada tropiezo y cada alegría son movimientos dentro de ese juego divino.
En cada experiencia, HaShem se disfraza de realidad para que podamos reconocernos en Él. Nos olvidamos… y luego recordamos. Caemos… y luego entendemos que esa caída era también parte del ascenso.
El Avraham dentro de nosotros camina, cuestiona, ama y recuerda. Camina hacia la verdad, porque el alma no soporta vivir en la mentira. Cuestiona, porque sabe que la fe ciega sin entendimiento no libera. Ama, porque el amor es la forma en que la Luz se reconoce a Sí misma. Y recuerda, porque todo este viaje no es otra cosa que HaShem recordándose a través de nosotros.
Reflexión final

Esta semana, Lej Leja nos invita a avivar el fuego del alma. A caminar dejando atrás lo que ya no vibra con nuestro propósito. A soltar lo viejo, las máscaras, los miedos, y caminar hacia dentro de ti.
El Baal Shem Tov decía que el mundo es un espejo: si ves oscuridad, enciende tu luz; si ves confusión, camina con fe. Cada paso que das hacia ti mismo es un paso hacia HaShem. Y cada vez que eliges recordar, el universo entero respira contigo.
Porque Lej Leja no fue dicho solo a Avraham. Fue dicho a ti, a mí, a cada alma que despierta: Camina hacia ti. Camina con amor. Camina recordando. Camina sabiendo que, en cada paso, HaShem camina contigo.
Y cuando entiendas que no caminas para llegar a Él, sino para recordarte en Él, entonces descubrirás el secreto más bello: que toda la vida no es más que el juego del amor recordando quién lo juega.



Comentarios