
Cuando Dar se Convierte en Canal de Abundancia - El Viaje de el Maaser/Diezmo
- Luis Alfredo De la Rosa
- 31 jul 2025
- 8 Min. de lectura
El tema del Maaser (diezmo) y la Tzedaká (actos de justicia o caridad) suele despertar muchas preguntas… y no pocas resistencias. Es común escuchar frases como: “¿Cómo se te ocurre dar si no te alcanza?” Y así como está hubo muchas otras frases que estaban en mi cabeza y en numerosas ocasiones vociferé no solo a los demás sino también para mi mismo.
Y, desde la lógica humana y material, esa frase parece tener mucho sentido. ¿Cómo dar cuando se está en escasez? ¿Cómo ofrecer cuando uno mismo está tratando de sostenerse?
Pero hay momentos en la vida donde uno comprende que la lógica del plano físico no siempre alcanza para entender los caminos del alma, ni el funcionamiento del mundo espiritual.
Recuerdo perfectamente un día en que mi esposa y yo estábamos atravesando un momento de angustia financiera profunda. La desesperación se sentía en el cuerpo. Y en ese estado, recibimos un consejo que nos cambió la vida, de parte de unos grandes amigos que D-os puso en nuestro camino: “No te alcanza… porque no das.” En ese momento entendimos que teníamos el orden invertido. Pensábamos que primero había que recibir para luego compartir. Pero el alma, y la abundancia verdadera, se activan al revés: primero compartes, y entonces el flujo comienza.
Y justo esta semana, estudiando con mi Rabino, profundizamos en la dinámica espiritual del Maaser y la Tzedaká. Volví a recordar que esto no es simplemente una mitzvá financiera o un gesto moral: Es una fórmula espiritual de expansión y geometría divina en el plano material.
Por eso, en esta reflexión semanal, quise tocar este tema que tantas veces pasamos por alto o subestimamos. Porque cuando comprendemos qué es realmente el Maaser, no solo transformamos nuestra relación con el dinero… transformamos nuestra relación con la Fuente.
Poniendo a prueba a La Fuente De La Abundancia.

Hay una única área en la que nuestros sabios y la Torah nos enseñan que sí podemos probar a HaShem: el Maaser, que hoy en día se refiere a separar el 10% de los ingresos netos para actos de tzedaká (caridad, justicia social), sostenimiento de estudios de Torah, ayuda comunitaria, etc.
Los sabios afirman que quien da Maaser, tendrá riqueza y bendición. Así lo expresa el profeta Malaquías:
הָבִ֤יאוּ אֶת־כָּל־הַֽמַּעֲשֵׂר֙ אֶל־בֵּ֣ית הָאוֹצָ֔ר וִיהִ֥י טֶ֖רֶף בְּבֵיתִ֑י וּבְחָנ֨וּנִי נָ֜א בָּזֹ֗את אָמַ֤ר ה’ צְבָאוֹת֙ אִם־לֹ֤א אֶפְתַּח לָכֶם֙ אֵ֣ת אֲרֻבּ֣וֹת הַשָּׁמַ֔יִם וַהֲרִיקֹתִ֥י לָכֶ֖ם בְּרָכָ֑ה עַ֖ד בְּלִי־דָֽי׃
Havi’u et kol ha-ma’aser el beit ha’otzar, vihi teref beveiti, u’vechanuni na vazot, amar HaShem Tzevaot: im lo eftach lachem et arubot ha-shamayim, veharikotí lachem berachá ad beli dai.
“Traed todo el diezmo a la casa del tesoro, para que haya alimento en Mi casa, y probadme ahora en esto —dice HaShem de los Ejércitos— si no os abriré las compuertas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.”
(Malaquías 3:10)
Sentido espiritual del Maaser
El Maaser es un acto de reconocimiento: todo proviene de HaShem, y nosotros somos solo canales. Es una prueba de fe: damos incluso antes de saber cuánto vamos a necesitar. Es una herramienta de afinación energética: al dar, transformamos el deseo de recibir en deseo de compartir. Según la Kabalá, Maaser purifica el resto del dinero, lo hace un canal de Shefa (abundancia) y elimina bloqueos espirituales.
¿Por qué este acto —dar parte de nuestros ingresos como Maaser— es tan central en la conciencia judía?
Nuestros sabios explican que una de las cosas más difíciles para el ser humano es desprenderse de “su” dinero. ¿Por qué? Porque, en realidad, el dinero y el alma provienen de la misma raíz espiritual. El dinero no es simplemente un pedazo de papel o una cifra en la cuenta bancaria. Es energía vital condensada.
Desde la mirada cabalística, esto se expresa a través de una conexión profunda entre las palabras דָּם (Dam) —sangre— y el concepto de dinero.
Dam: la sangre es el alma

La Torá afirma:
“כִּי הַדָּם הוּא הַנֶּפֶשׁ”
“Porque la sangre es el alma.”
(Vayikrá / Levítico 17:11)
Aunque “Dam” significa literalmente sangre, en la tradición espiritual representa algo mucho más amplio: el esfuerzo vital, el instinto de supervivencia, la lucha diaria, el sudor de la frente. El alma más básica —el Néfesh, la parte del alma que reside en la sangre— se activa cada vez que trabajamos por el sustento.
Por eso, cuando una persona gana dinero con esfuerzo, ese dinero contiene su “Dam”: su energía vital, su tiempo, sus emociones. El acto de dar parte de ese ingreso en forma de Maaser o Tzedaká, es una elevación espiritual de la sangre misma. Se transforma el esfuerzo físico en luz espiritual.
Palabras asociadas al dinero con la energía de Dam
En la tradición cabalística, existen varias palabras relacionadas con el dinero que comparten la energía simbólica de Dam, es decir, que cargan una vibración de juicio, deseo no refinado o impulso materialista.
Mamón (מָמוֹן) – riqueza material: Significa literalmente dinero o posesión. Está asociada al deseo de acumular, al egoísmo, al miedo a perder. Según el Talmud, “el amor por el mamón endurece el corazón” y puede esclavizar el alma.
Rejúsh (רְכוּשׁ) – posesiones Significa bienes, patrimonio. Está conectada con el mundo de Asiyá(acción), representa un plano más bajo donde los deseos materiales necesitan ser refinados. Cuando el Rejúsh se convierte en un fin en sí mismo, alimenta el juicio del alma animal
Estas formas de dinero —cuando no se elevan— vibran en la misma frecuencia de Dam: deseo sin contención, intensidad emocional, apego y desbalance espiritual.
De Dam a Adam: transformando instinto en alma

El nombre Adam (אָדָם), que representa al ser humano, está compuesto por:
• דָּם (Dam) – sangre, símbolo del cuerpo, el instinto, el juicio.
• א (Alef) – letra del Creador, unidad, conciencia divina.
Cuando una persona toma su Dam y lo pone al servicio de la Alef, se transforma en Adam completo: una creación que une materia y espíritu, instinto y conciencia.
¿Qué pasa cuando el dinero viene solo del Dam?

Si el dinero se obtiene y se usa desde el miedo, el deseo de poder, la ira o la competencia desmedida, permanece en el nivel de Dam. Eso genera:
Vibraciones de juicio sin equilibrio.
Confusión, ansiedad, escasez emocional.
Esclavitud interna, donde el dinero se convierte en amo.
Este tipo de dinero se conecta espiritualmente con conceptos como Mamón o Rejúsh, cuando estos son motivados por el ego y no por la conciencia.
¿Y cómo se transforma Dam en luz?
Cuando el dinero es canalizado con intención pura —por medio del Maaser, la Tzedaká, el sustento al prójimo con dignidad—, ocurre una alquimia espiritual:
El dinero deja de ser Dam (pasión instintiva) y se convierte en Kesef (כֶּסֶף), que significa “plata” pero también “deseo” en hebreo bíblico, un deseo de conexión espiritual. Consecuentemente El Kesef se transforma en canal de Jesed (misericordia), una energía de dar y así el yo material se alinea con la Alef, y nace Adam, el humano espiritual.
Podemos entonces encontrar una especie de ciclo espiritual del dinero pasando de Dam a Kesef a Shefa
1. Dam – Trabajo, esfuerzo, energía vital (nivel instintivo).
2. Kesef – Refinación del deseo, intención de dar (nivel emocional).
3. Tzedaká / Maaser – Acción concreta de canalizar (nivel espiritual).
4. Shefa (שפע) – Flujo de abundancia y bendición divina que regresa a ti.
La ilusión del esfuerzo como única fuente

Muchos creemos que el dinero que tenemos proviene exclusivamente de nuestro esfuerzo físico, nuestro sudor, nuestro tiempo. Nos decimos: “Yo trabajé, yo lo gané, yo lo merezco.” Y aunque no es falso —sí hicimos algo para obtenerlo—, esta forma de ver el dinero es limitada. Nos encierra en la idea de que la abundancia depende solo de lo que hacemos, no de lo que somos.
Desde esta perspectiva, dar Maaser o hacer Tzedaká se siente como perder algo que nos pertenece. Se activa el miedo a no tener suficiente. Por eso, a muchas personas les cuesta dar: ven el dinero como un recurso escaso, como algo que se agota, como una cuenta que baja en números. Pero esa es la visión del Dam desconectado del Alef, la visión del alma cuando está atrapada en la materia.
El alma y el dinero provienen de la misma fuente

Nuestros sabios enseñan que tanto el alma como el sustento descienden del mismo lugar: la Fuente Divina, el Or Ein Sof — la Luz Infinita. Esto significa que el dinero que llega a nuestras manos no lo generamos solamente con nuestro cuerpo, sino que lo recibimos desde el mundo superior. Nosotros canalizamos, pero no somos la fuente.
Cuando internalizamos esto, comprendemos que el dinero no es simplemente papel. Es un flujo energético espiritual, una forma en la que la Luz del Creador se manifiesta en este plano físico. Y por lo tanto, cuando damos, no estamos perdiendo nada; estamos liberando el flujo para que la energía siga su curso.
Dar como acto de confianza en la abundancia infinita

Cuando damos Maaser o Tzedaká desde la conciencia de que la fuente es divina, estamos confiando en el universo espiritual. El acto de dar ya no es una pérdida: es una expresión de confianza, una declaración silenciosa que dice:
“Yo sé que no me falta nada. Yo sé que estoy sostenido. Y porque estoy sostenido, puedo sostener a otros.
Este gesto abre portales. El universo lo interpreta como una señal de alineación con la abundancia infinita. Y así, muchas veces, la persona que da con esta conciencia comienza a ver milagros financieros: ingresos inesperados, puertas que se abren sin explicación lógica, oportunidades que no estaban antes.
Es que el flujo solo necesita un canal abierto. Y cuando damos, nos volvemos ese canal.
Reeducar la mente para recibir infinitamente

Dar es también un acto de reeducación mental. Nos enseña a dejar de pensar en términos de “lo que tengo” y empezar a pensar en términos de “lo que fluye a través de mí”. Cuanto más das con amor y conciencia, más entrenas a tu mente y a tu alma a vivir en expansión.
El miedo a dar surge de una creencia: “Si doy, me quedo sin.” Pero la verdad es esta: “Si doy desde el alma, recibo más, porque me convierto en socio activo de la Luz.”
Conclusión: Dar para volver al Origen

Cuando damos Maaser o hacemos Tzedaká, no estamos simplemente cumpliendo una mitzvá: estamos regresando a nuestro origen. Reconocemos que no somos los generadores finales del sustento, sino canales de una Fuente infinita de abundancia.
Al entregar parte de nuestro ingreso, tomamos ese Dam —la sangre de nuestro esfuerzo, nuestra pasión, nuestra lucha diaria— y lo elevamos al nivel de Kesef, el deseo puro de conexión, de expansión, de generosidad. Y cuando ese deseo se orienta hacia el bien, nace Adam: el ser humano completo, donde cuerpo y alma, materia y divinidad, se integran.
Desde allí, se activa el Shefa. Porque cuando damos desde el alma, no perdemos, multiplicamos. No reducimos nuestro caudal, sino que abrimos los conductos invisibles por donde la bendición divina quiere manifestarse en nuestras vidas. Y esa bendición, cuando es sincera, vuelve en formas que la lógica no puede anticipar: ingresos inesperados, sostenimiento emocional, ayuda oportuna, milagros cotidianos.
Dar, entonces, no es desprenderse, sino recordar quiénes somos: almas hechas de luz, conectadas con una abundancia sin límites.
Por eso la Torah nos da permiso de probar a HaShem en esto. Porque el acto de dar, cuando nace desde esta conciencia, nunca puede empobrecernos. Solo puede completarnos.



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