
De la Esclavitud a la Teshuvá: la evolución de los Shotrim
- Luis Alfredo De la Rosa
- 28 ago 2025
- 7 Min. de lectura
La parasha de esta semana comienza con el síguiente texto:
שֹׁפְטִים וְשֹׁטְרִים תִּתֶּן־לְךָ בְּכָל־שְׁעָרֶיךָ אֲשֶׁר יְהוָה אֱלֹהֶיךָ נֹתֵן לְךָ לִשְׁבָטֶיךָ; וְשָׁפְטוּ אֶת־הָעָם מִשְׁפָּט־צֶדֶק׃
Shoftim ve’shotrim titén lejá be’jol she’areja asher Adonai Eloheja notén lejá lishvateja; ve’shaftú et ha’am mishpat tzedek.
“Jueces y oficiales pondrás para ti en todas tus ciudades que HaShem tu Dios te da para tus tribus; y ellos juzgarán al pueblo con un juicio justo.”
Acá la Torá nos habla de dos figuras: los shoftim (jueces) y los shotrim (oficiales). Sin embargo notamos que acerca de Los jueces la Torah se extiende bastante en describir sus tareas y demás pero de los shotrim y sus tareas habla muy vagamente… pero en Devarim vemos un rol inesperado para estos personajes: cuando el pueblo se preparaba para la guerra, eran los shotrim quienes proclamaban en nombre de la Torá quién debía quedarse y quién debía regresar a casa.
Decían: “¿Quién es el hombre que plantó una viña y no la ha disfrutado?
יֵלֵךְ וְיָשֹׁב לְבֵיתוֹ – ve y regresa a tu casa…”
En lugar de empujar al pueblo al campo de batalla, los shotrim les dicen YeLej (Lej), Ve … su rol era liberar al pueblo de la batalla. Su mensaje no era de presión, sino de discernimiento. Reconocían que no todos estaban listos, que había momentos en que la batalla más valiente era retirarse para fortalecer la raíz antes de enfrentar la guerra.
En este nivel de consciencia, los shotrim son los guardianes del alma práctica: la voz interna que sabe distinguir cuándo luchar y cuándo volver a casa.
Los Shotrim del Pasado : Entre la Esclavitud y la Voz Interior

Pero no es la primera vez que leemos en la Torah la idea de guardianes… en Shemot, los shotrim aparecen en un contexto radicalmente distinto. No son líderes que liberan, sino supervisores atrapados en la esclavitud. Paroh/El Faraón por ejemplo, luego que Moshe intercediera por nuestra liberación, ordena mantener la misma producción de ladrillos, pero sin paja, y los nogsim (capatazes egipcios) descargan la presión sobre los shotrim hebreos, quienes a su vez debían presionar a los abadim/esclavos hebreos, sus propios hermanos
Ellos estaban en medio: sufrían los golpes de los egipcios y al mismo tiempo eran responsables de exigir a sus hermanos. Aquí el verbo “Lej” aparece con otra connotación:
לֵךְ וַעֲשֵׂה- “Lej va’aseh- Literal: “Ve y haz
לֵךְ וַעֲשֵׂה פְּרוֹיָה (Lej va’aseh peroyá) → “Ve y produce (fruto)”
no era un “Lej/Ve” liberador, sino una orden de opresión: “ve y haz”, “ve y produce”.
En este escenario, los shotrim simbolizan la división interior del alma esclavizada en la materialidad: atrapada entre el deber impuesto y la empatía con su propio pueblo. Una chispa de compasión existía, pero aún bajo un sistema de miedo y control.
Nogsim: La Presión del Exilio Interior

Para entender esta diferencia, necesitamos detenernos en la figura de los nogsim.
Ellos son los capataces egipcios, los que gritan, empujan y golpean, pero no trabajan. Representan la coerción pura: la fuerza que exige sin compasión, que obliga sin comprender.
La Torá en Devarim ya no los menciona. El sistema de los nogsim queda atrás en Mitzrayim/ el mundo de las limitaciones. Ahora la conducción del pueblo no depende del látigo, sino de los shoftim y shotrim que guían, acompañan y sostienen.
En lo interior, los nogsim son esas voces que aún cargamos dentro: la autoexigencia sin compasión, el perfeccionismo que no descansa, la culpa que presiona diciendo “nunca hiciste suficiente”. Son la estructura del ego esclavizador, el eco del exilio que no hemos terminado de sanar.
Venigash: El Acercamiento Sagrado de los Cohanim

En contraste con los nogsim, la Torá utiliza otro verbo: וְנִגַּשׁ (venigash), “y se acercará”… Esta palabra comparte la raíz נ־ג־שׂ (N-G-Sh) Nogsim pero con Shin y significa acercarse, aproximarse, entrar en contacto íntimo.
Este término aparece en relación a los cohanim, que no empujan al pueblo sino que se acercan para bendecirlo, para interceder por él, para elevar sus ofrendas y conectarlo con la Shejiná.
Aquí se revela un cambio radical en la estructura espiritual:
• En Mitzrayim, la estructura de mando : Paróh/Faraon en la cima, luego los nogsim, después los shotrim y abajo los esclavos. Una pirámide de opresión.
• En Israel, la pirámide se invierte: HaShem en lo alto, los Cohanim que se acercan (venigash), los shotrim que acompañan, y los benei Israel en la base, no como esclavos, sino como socios de la misión divina.
Este contraste es profundo: el sistema de Paróh/Faraon es un sistema de imposición, separación y limitaciones; el sistema de Hashem es uno de cercanía, bendición y libertad. Donde antes había látigo, ahora hay guía. Donde antes había miedo, ahora hay confianza, donde había escacez ahora hay abundancia.
Dos Pirámides, Dos Estados de Conciencia

Estas dos estructuras reflejan dos estados del alma:
• Nogsim / Paró → Conciencia de esclavitud: presión externa, miedo, culpa, desconexión. Una voz que nos dice: “si no produces, no vales”.
• Venigash / Cohanim → Conciencia de cercanía: servicio, compasión, bendición, conexión con la raíz. Una voz que nos dice: “acércate, vuelve, eres parte de la Luz”.
El ser humano lleva dentro estas dos estructuras. En algunos momentos domina la voz del noges, que nos hace trabajar sin descanso. En otros momentos emerge el venigash, que nos invita a acercarnos a lo sagrado dentro de nosotros mismos.
Los sabios jasídicos enseñan que la verdadera teshuvá no es gritarle al alma como un noges, sino acercarse como un cohen: hablarle con dulzura, inspirarla, recordarle su raíz divina.
Los Shotrim como Niveles de Consciencia

Aquí comprendemos el rol espiritual de los shotrim: ellos no son jueces ni sacerdotes, sino el punto de traducción entre ambos. Representan la fuerza interna que ordena la vida práctica según la voz espiritual.
• En modo Shemot, los shotrim son parte de una mente esclavizada, atrapados entre la presión de los nogsim y el deber de transmitirla.
• En modo Devarim, los shotrim han despertado: son la voz de biná, del discernimiento interno, que sabe cuándo avanzar y cuándo volver a casa.
En la estructura del alma:
• El shofet es la Neshama (sabiduría, claridad intelectual). No actúa por emoción ni impulso, sino por discernimiento y claridad intelectual. Su rol es distinguir entre lo verdadero y lo falso, lo puro y lo impuro, lo correcto y lo incorrecto.
• El shotrim es el ruaj (voluntad y emoción alineada). Son como los “guardianes” que hacen que lo que pensamos y decidimos pase al comportamiento real. Espiritualmente, corresponden a la voluntad, la disciplina y las fuerzas emocionales que traducen la conciencia en acción concreta en el mundo físico.
• Los nogsim en el alma son las voces internas que oprimen, presionan, angustian y esclavizan. Están ligados al Nefesh cuando está desconectado de la Neshama: el instinto básico que, en lugar de servir al propósito divino, se convierte en un tirano interior. El nogesh no busca orden ni crecimiento, sino dominación y desgaste. Es cuando la energía vital (Nefesh) se corrompe en forma de ansiedad, impulsos ciegos o autocrítica destructiva.
• Los cohanim reflejan la jayah (luz expansiva que conecta con la Divinidad). Torá son canales de vida, bendición y conexión con lo sagrado. No solo cumplían funciones técnicas en el Templo, sino que representaban la fuerza vital que conecta al pueblo con la Presencia Divina. La Chayah en nosotros es esa chispa que nos recuerda que somos más que cuerpo y mente: somos parte de una corriente infinita de vida. Cuando escuchamos esa voz interior que nos dice “confía, hay algo más grande guiándote”, estamos tocando el nivel de la Chayah.
Así la Torah nos enseña que la lucha no es externa, sino entre estos niveles internos de conciencia.
Elul: Pasar del Noges al VeNigash

Y aquí todo se une. El mes de Elul es el tiempo en que la voz del nogesh —el opresor interior, el látigo que presiona sin compasión— debe ser reemplazada por la voz del venigash, el que se acerca con ternura, como un amigo, como un padre, como un cohen que bendice.
Elul no es un tiempo de latigazos espirituales ni de juicios severos que paralizan. No es la voz que susurra: “fallaste, nunca serás suficiente”. Esa es la voz del nefesh distorsionado, de los nogshimque esclavizan. Al contrario, Elul es el mes en que el Rey sale al campo, como enseñó el Baal Shem Tov: el momento en que la Presencia divina se revela no en lo lejano y oculto, sino en lo cotidiano y cercano.
El shofet interno, nuestra neshamá que discierne, debe recordar la verdad: el Rey está aquí, entre nosotros, y nos sonríe. Nuestros shotrim, las fuerzas que vigilan los portones del corazón, deben aprender a escuchar esa voz y a repetir con suavidad: “Lej — ve, regresa a casa”. No es un rechazo, no es un castigo; es una invitación a volver a la raíz, a lo íntimo, a lo verdadero.
La teshuvá de Elul no es penitencia ni sufrimiento, es reorientación amorosa. Es la mano tendida que nos recuerda que cada error no nos aleja, sino que nos abre un nuevo camino de regreso. Cada tropiezo no nos hunde, sino que nos permite crecer y conocernos más profundamente, elevando incluso lo fragmentado hacia la unidad.
En este mes, la Chayah —el nivel del alma asociado al Cohen— se despierta en nosotros. Es la chispa de vida que nos conecta con lo infinito y nos bendice con abundancia. Si escuchamos esa voz, descubriremos que el Rey que sale al campo no viene a juzgar con dureza, sino a abrazar con ternura.
Elul es, en realidad, la oportunidad de transformar al nogesh en venigash, de cambiar la voz de la presión por la voz del acercamiento, y así abrirnos al encuentro más íntimo con la luz que siempre nos espera en casa.
Los Shotrim Como Guardianes Del Alma

El viaje de los shotrim, de Shemot a Devarim, es nuestro propio viaje: De ser parte de un sistema de opresión, A ser guardianes de nuestra propia libertad interior.
El secreto es este: transformar la voz del látigo en voz de ternura. Cambiar la pirámide de Paró por la pirámide de Hashem. Pasar del miedo al amor, de la culpa al aprendizaje, de la esclavitud espiritual a la cercanía divina.
La Torá no nos expulsa, no nos dice “vete y desaparece”. Nos dice: “Lej – ve y regresa a tu casa”. Elul es ese regreso. A la casa del alma, al abrazo del Creador, a la certeza de que no estamos llamados a producir ladrillos, sino a revelar Luz.
Así está reflexión que quiero compartir se convierte en un mapa místico para este mes: pasar del Noges al Nigash, despertar a nuestros shotrim internos y dejarnos guiar hacia la teshuvá como retorno amoroso, no como esclavitud espiritual.



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