
Del Miedo a la Confianza
- Luis Alfredo De la Rosa
- 31 ago 2025
- 2 Min. de lectura
Muchos nos hacemos una pregunta: “Si tengo confianza/bitajón en los planes del El Creador, ¿por qué sigo sintiendo miedo y ansiedad?”
La respuesta es más elevada de lo que pensamos: el miedo no es señal de falta de bitajón/confianza, sino un espacio donde mi bitajón/confianza puede desplegarse.
Nuestros sabios nos revelan que bitajón —la confianza en Hashem— no es calma interior automática. La calma es un rasgo de carácter, es una característica de la personalidad, pero la confianza es una elección consciente del alma. Cada día, en cada instante de temblor, elegimos: ¿cargo yo solo con mis miedos o los entrego a Hashem?
El rey David nos dio el ejemplo cuando escribió: “Libi jalal bekirbi - Mi corazón está herido/traspasado dentro de mí” expresando que su corazón se siente sin fuerzas, traspasado por el sufrimiento, como si en su interior hubiera un vacío. su corazón temblaba, y sin embargo en ese mismo momento recitaba Tehilim. No esperaba a dejar de sentir miedo para cantar; cantaba desde el miedo mismo, transformando la oscuridad en conexión.

El Rebbe de Jabad enseñó que el bitajón no es ingenuidad ni negación de la realidad. Es una fuerza interior que nos conecta con la realidad más profunda: El Creador conduce el mundo con bondad esencial. Confiar significa anclar nuestra alma en esa bondad, es tener certeza incluso cuando nuestros sentidos nos gritan lo contrario.
Rabí Najman de Breslov, con su sabiduría de corazón, nos enseñó: “Toda angustia es un llamado a hablar con Hashem”. La ansiedad no es un muro, sino una puerta: cuando sentimos miedo, tenemos la oportunidad de abrir un diálogo íntimo con el Creador, hablarle desde lo más vulnerable, y descubrir que Él estaba esperando allí.
El pasuk declara: “Hashlej al Hashem yehavja” —“Arroja tu carga sobre Hashem”. No significa que el peso desaparece, sino que ya no lo cargamos solos. El verdadero bitajón es tener el valor de decir: “Creador de los Mundos, confío en Ti” aun mientras tiemblo de miedo.
La mística de la Torá nos revela que el miedo mismo puede transformarse en energía de cercanía. La ansiedad, cuando se entrega a El Creador, se convierte en combustible para la confianza y la conexión. No es la ausencia de temor lo que revela nuestra confianza, sino la decisión, dentro del temor, de elegir Su abrazo invisible.
Y aquí entra la luz de Rabí Najman: “Mitzvá gedolá lihyot besimjá tamid” —“Es una gran mitzvá estar siempre en alegría”. La alegría no elimina los miedos, pero los transforma. Cuando elegimos sonreír, agradecer y alegrarnos aun en la fragilidad, abrimos un canal donde la confianza se hace más fuerte que el temblor. La simjá es el puente que nos lleva del miedo a la certeza.
Porque la fe no se mide por cuán calmados estamos, sino por cuántas veces, incluso en medio del temblor, podemos cantar:
גַּם כִּי־אֵלֵךְ בְּגֵיא צַלְמָוֶת לֹא־אִירָא רָע כִּי־אַתָּה עִמָּדִי, שִׁבְטְךָ וּמִשְׁעַנְתֶּךָ הֵמָּה יְנַחֲמֻנִי
Gam ki-elej begei tsalmávet, lo irá ra ki Atá imadí; shivteja u-mish’anteja, hema yenajemuní - “Aunque ande en el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo; Tu vara y Tu cayado, ellos me infunden aliento.”



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