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Gratitud, certeza y unicidad en la mesa!!!!


En Eikev, Moshé continúa hablando al pueblo antes de entrar a la Tierra Prometida. Entre los temas centrales encontramos:


• La promesa de bendiciones si el pueblo escucha y cumple los preceptos.

• El llamado a no olvidar a HaShem en tiempos de abundancia.

• La advertencia contra la arrogancia y el creer que el éxito es solo fruto del propio esfuerzo.

• Recordar todo el camino por el desierto y cómo las pruebas sirvieron para educar el corazón.


Pero en términos de conciencia, Eikev nos habla de estados internos que se reflejan en el alma y nuestra relación con El Creador.


En Devarim/Deutoronomio 8:10, leemos una frase muy común en nuestras mesas…una frase del Birkat Hamazon la Bendicion por el Sustento/Provision/Alimento


“וְאָכַלְתָּ וְשָׂבָעְתָּ וּבֵרַכְתָּ אֶת־יְיָ אֱלֹהֶיךָ”

“Comerás, te saciarás y bendecirás a Hashem tu Dios” .


En hebreo y en español el tiempo gramatical de esta frase es claro, es comerás, te saciarás y bendecirás …es una certeza, una formación…La Torá no habla en condicional. No dice “si comes y te sacias… entonces bendecirás”. Afirma un estado: cuando vives conectado, la gratitud es tu aire; y en ese estado, comer y saciarte se vuelven expresión natural del flujo divino que ya te sostiene. Birkat HaMazón no “paga” la comida: abre y ensancha el canal por el que la shefá (abundancia) desciende.


Gratitud: la llave que abre los canales



Los sabios jasídicos, especialmente el Baal Shem Tov, enseñan que la gratitud no es reacción, es vibración que atrae. Vivir agradeciendo es saber —no solo creer— que todo viene de la Fuente Única.


Cuando decimos Birkat HaMazón, no “damos las gracias por la comida” a secas: restablecemos la conciencia de unicidad. Reconocemos que no hay separación entre el pan que sostenemos y la Luz infinita que lo hace existir.


El Alter Rebe en el Tanya explica: la materia es sombra de la Luz divina; el sustento físico es la proyección de una energía espiritual que Hashem elige transmitirnos en ese instante. Al agradecer, alineamos nuestro Ratzón (deseo) con el Tzinor (canal) que conduce la Luz. Un deseo alineado + un canal claro = flujo sin bloqueos.


Certeza y gratitud: dos caras de la misma moneda.



Bitajón (certeza) no es optimismo: es la quietud interior de quien sabe que todo proviene de Hashem y todo es para bien.


Agradecer antes de ver el resultado es actuar desde esa certeza: “Lo que es mío en lo Alto ya está dado; abro el canal para que llegue abajo”. Por eso Birkat HaMazón no cierra un acto: completa un circuito.


De una forma alegórica sencilla imaginemos una la gratitud es la firma que activa una transferencia ya aprobada. Sin firma, la bendición existe, pero no se acredita. Con gratitud, el depósito entra.


Recuerdo que una vez escuché una historia de Rabi Levi Itzjak de Berditchev en la que, en una mesa de Shabat, antes de recitar Birkat HaMazón, cerró los ojos y dijo:


“Ahora mismo, un judío en una aldea lejana agradece a Hashem por un pedazo de pan duro, y su gratitud sincera ha abierto canales celestiales que traen lluvia a toda la región”.


Un discípulo preguntó: “¿Cómo puede un simple ‘gracias’ hacer llover?” Rabi Levi Itzjak respondió: “Cuando un hombre reconoce que el pan no viene del molino ni del agricultor, sino de la Fuente Infinita, ese reconocimiento eleva la chispa escondida en el pan. Y cuando una chispa sube, su luz llama a otras luces… y la bendición se derrama en todas las formas que el mundo necesita”.


Eikev y el Ciclo de Dar y Recibir



Eikev significa “talón”: lo más bajo, lo cotidiano. Mensaje: también ahí —en la compra, la cocción, el bocado— puede revelarse la Luz más alta si se vive en gratitud.


Así, ve’achalta, vesavata, uverachta se vive como un ciclo que empieza en el agradecer:

  1. Agradeces → Abres el canal.

  2. Recibes el sustento → Lo disfrutas sin culpa ni ansiedad.

  3. Te sacias → Refuerzas el canal con nueva gratitud.

  4. Bendices → unes lo que has recibido con lo que aún está por llegar


Cada vuelta del ciclo ensancha el tzinor y prepara la siguiente bendición.


Certeza y Unicidad: Una Sola Raíz



Hay una canción que forma parte de mi playlist diario: “Ein Od Milvadó” — “no hay nada fuera de Él”. No es solo una frase para recitar; es un golpe suave pero firme que derrumba muros internos. La certeza en la unicidad disuelve la ilusión de causas separadas. No hay un “mi trabajo” aislado por un lado y una “ayuda divina” por el otro; hay un único río de vida que se manifiesta a través de nuestras manos, pensamientos y decisiones. Todo lo que parece separado es, en realidad, distintas máscaras de una misma Fuente.


Cuando la Torah dice: “Comerás, te saciarás y bendecirás” (Devarim 8:10), no describe tres momentos separados, sino un solo acto en tres dimensiones. En el plano de la acción, tomamos el alimento y lo ingerimos. En el plano de la sensación, reconocemos que estamos saciados y en paz. Y en el plano de la palabra, expresamos la bendición que abre y mantiene el canal. Tres planos, un solo gesto: la unión del ser humano con la Fuente.


Alegoría: imagina un río subterráneo, oculto bajo capas de tierra, que nunca se seca. Ese río es la Luz. Nuestra conciencia y nuestras bendiciones son como abrir la boca de un pozo. El agua siempre estuvo allí; nosotros no la creamos. Lo único que hacemos es retirar las piedras de la distracción y la duda para dejarla pasar.


Este entendimiento nos lleva a algo más profundo: en realidad, el “comer” no comienza cuando el pan toca la boca, sino cuando la certeza llena el corazón. El agradecimiento no es una reacción al recibir, es la semilla que convoca la abundancia. La unicidad nos recuerda que materia y espíritu no son enemigos, sino reflejos. El mundo físico es el fruto visible; el mundo espiritual, la raíz invisible. Como en un espejo doble, lo que proyectamos en la dimensión de la “antimateria” —la realidad energética— termina encarnándose en la materia.


Así, Ein Od Milvadó no es una teoría: es vivir como si la Fuente fuera la única realidad y todo lo demás fueran sus ropajes. Comer, saciarse y bendecir son la coreografía diaria de esta verdad.


Física Cuántica y Kabbalah


La Kabbalah diría: la gratitud sintoniza tu frecuencia con la Fuente. La física cuántica diría: la energía antecede a la materia; la forma visible colapsa desde un campo de posibilidades. El mundo material, que percibimos con los sentidos, es solo la “sombra” o la “proyección” de un mundo espiritual más vasto, que algunos llamarían el dominio de la antimateria o del campo infinito. Allí, la abundancia no es un deseo: es una condición permanente.


Traducido a la mesa: lo que recibes en lo físico es el reflejo de la energía que emites en lo espiritual. La materia no crea por sí misma; es moldeada por la intención, por la certeza, por el estado interior. Si en tu interior vives desde la carencia, proyectas una vasija limitada; si vives desde el agradecimiento, expandes la vasija y atraes la plenitud. El mundo material solo “responde” al patrón vibratorio que envías desde el mundo espiritual.


Quien vive agradeciendo vive en la certeza de que la Shefá —el flujo divino de abundancia— siempre fluye. No es “si comes, agradecerás”, como si el acto físico de comer fuera la condición para agradecer. Es al revés: “agradeces, y por eso comes y te sacias”. A nivel espiritual, el agradecimiento antecede a la manifestación; es la energía que ordena a la materia tomar forma.


En la visión de nuestros sabios, el agradecimiento es el código de acceso al almacén celestial de bendiciones. La materia (pan, sustento, salud, paz) es la “traducción” visible de algo que ya estaba completo en el plano espiritual. Así, Birkat Hamazón no es solo una bendición posterior a la comida, sino un recordatorio de que vivimos conectados con la Fuente que nutre tanto lo visible como lo invisible.


En la mesa, mientras bendecimos, nos convertimos en un puente entre los dos mundos: nuestras palabras ascienden como energía sutil al plano espiritual, y desde allí, la abundancia desciende, se condensa y se vuelve pan, alegría y vida. La gratitud, entonces, no es una reacción: es una llave que abre el canal entre la antimateria y la materia, entre la Luz infinita y nuestro mundo finito.


Una Espiritualidad Sencilla y Profunda



Vivir en gratitud es habitar la unicidad. Es mirar el pan y ver la Luz. Es trabajar con responsabilidad y, a la vez, descansar en que el resultado no depende de nuestra ansiedad, sino del canal que abrimos con nuestra conciencia.


En este estado, Birkat HaMazón deja de ser un “después” y se vuelve un modo de existir: Tomo un bocado y recuerdo que todo viene de El Creador. Me sacio y sé que nada me falta cuando estoy en la raiz. Bendigo y afirmo que soy un canal de la Fuente, no estoy separado de la fuente, no existo fuera de la Fuente.


La gratitud calla el ruido del “yo solo” y enciende la música del Uno. Entonces, lo cotidiano se vuelve santuario, la mesa se vuelve altar, y el “Ve’Hajalta, Ve’Sabajta U’Berajta…comerás, te saciarás y bendecirás” ya no es una secuencia: es una sola palabra vividaUNICIDAD.


Si tuviera que resumir el aprendizaje de esta semana en una sola frase sería: Agradece como si ya hubieras recibido, vive como si todo fuera Uno, y verás cómo el cielo encuentra siempre un canal abierto en tu mesa.

 
 
 

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