
Imperfectamente perfectos - Reflexión de Elul:
- Luis Alfredo De la Rosa
- 1 sept 2025
- 3 Min. de lectura
Elul ha llegado, y con él la llamada suave y persistente del corazón: un susurro que nos invita a mirarnos con ternura, a escuchar nuestra alma antes de escuchar la voz de la crítica. Este es un tiempo de introspección, pero también de celebración, porque HaShem no nos creó para ser perfectos, nos creó para ser auténticos. Cada fragmento de nuestra imperfección, cada sombra y cada error, son piezas esenciales del rompecabezas divino que somos.
Nuestros sabios del jasidismo enseñan que Adam no fue creado como ángel, sino como hombre, con fallas, con debilidades, con la capacidad de dudar, de tropezar, de aprender. El Baal Shem Tov decía que la grandeza del hombre no está en su perfección, sino en su capacidad de crecer y redimirse a través de sus fallas. No necesitamos ser perfectos, necesitamos ser nosotros mismos, en toda nuestra complejidad y vulnerabilidad, porque así es como HaShem nos hizo perfectos para nuestra misión única.
Cuando Moshe Rabbeinu/Moises le pidió entrar a Eretz Israel/La tierra de Israel, HaShem le dijo que no!!! No por castigo ni por desagrado, simplemente su misión ya había concluido. Su camino estaba completo, y su alma había cumplido lo que debía. Así también nuestras fallas y errores no son impedimentos; son señales de que estamos en proceso, de que estamos cumpliendo nuestra tarea en este mundo imperfecto. Cada caída, cada miedo, cada duda es una chispa divina que nos guía hacia nuestra luz interior.

La Kabalá enseña que cada alma tiene dentro de sí un resplandor único, una chispa de Ein Sof que brilla incluso en la oscuridad de nuestras imperfecciones. Estas fallas no son para ocultarlas ni para avergonzarnos de ellas; son la materia prima de nuestra elevación, los canales a través de los cuales podemos traer luz al mundo. A través de ellas, aprendemos a confiar, a esperar, a crecer, a amar.
El Rebe de Lubavitch nos recuerda que Elul no es un tiempo de latigazos espirituales ni de auto-reproche. Es un tiempo para abrazar nuestra humanidad, para reconocer que la imperfección es la señal de que estamos vivos, de que nuestra alma está en movimiento, de que nuestra chispa divina puede desplegarse si nos abrimos a ella. Cada fallo, cada tropiezo, cada instante de debilidad es un llamado a acercarnos a HaShem, a confiar en su guía, a convertir lo imperfecto en un acto de servicio y de amor.
En este Elul, observa tus fallas como lo harías con un tesoro escondido. Son piezas únicas que conforman la obra maestra que eres. No te exijas ser otra persona; sé tú. Cada fragmento de tu vulnerabilidad, cada error, cada miedo, es un hilo del tapiz divino que te hace perfectamente tú. En esta imperfección radica tu fuerza, tu belleza, tu misión. Somos imperfectamente perfectos, y desde esa autenticidad podemos acercarnos a HaShem con confianza, humildad y alegría.
Acepta tus fallas - dirige tu atención a las áreas donde sientes debilidad o error. No juzgues, solo mira. Recuerda que la grandeza del hombre está en crecer a través de sus fallas. Siente que cada error, cada miedo, cada tropiezo, es una chispa que HaShem puso dentro de ti para cumplir tu misión única.
Que este Elul nos enseñe a mirarnos con amor, a valorar nuestra luz y nuestras sombras, a reconocer que en nuestra humanidad reside la chispa de lo divino. Que nuestras fallas sean siempre un puente, y no un obstáculo, hacia nuestra misión y nuestra conexión con HaShem.



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