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Inicio de la Creación - El 25 de Elul

Actualizado: 8 oct 2025

El 25 de Elul marca el comienzo de la Creación. No es solo una fecha histórica, sino un patrón espiritual que se renueva cada año. Ese día, HaShem transformó el caos en orden y la oscuridad en luz, dándole propósito al universo.


Cada persona puede vivir esto en su interior. Todos enfrentamos confusión y vacío, pero dentro de cada uno late una chispa de la luz primordial, capaz de iniciar un nuevo orden en nuestra vida.


Los seis días que van del 25 de Elul al 1 de Tishrei reflejan los seis días de la Creación, y cada uno nos invita a trabajar un aspecto de nuestro ser: separar luz de oscuridad, poner límites al caos, dar frutos, reflejar luz, cultivar vida y preparar el alma para el encuentro con Rosh HaShaná.


El mensaje profundo es que la creación del mundo no terminó: sigue dentro de nosotros. Rosh HaShaná no solo recuerda el nacimiento de Adam, sino que nos llama a renacer en nuestro propósito.


Conectarse al 25 de Elul es detenerse y preguntarse ¿Dónde puedo traer luz en medio de mi caos? ¿Qué parte de mí necesita orden y dirección? ¿Cómo puedo acercarme más a mi esencia divina?


Reflexionar en estas preguntas es alinearse con el movimiento original de la Creación, abriendo espacio para que la vida se renueve con claridad y sentido.


Así como el universo se formó en seis etapas, nuestra alma también puede renovarse paso a paso. Cada día entre el 25 de Elul y Rosh HaShaná es una invitación a despertar la luz y la plenitud en nuestro interior.


Reflexión para Hoy - Día 1 de Tu creación



En el texto de la Torah leemos:


וַיֹּאמֶר אֱלֹהִים יְהִי אוֹר וַיְהִי אוֹר


Vayómer Elohim: Yehi Or, Vayehi Or - Y dijo Elokim: “Sea la luz”, y fue la luz.


La Creación comienza con palabras. No fue con manos ni herramientas, sino con la fuerza de la voz divina. Lo primero que aparece es la luz, que no es solo física, sino claridad, conciencia y propósito.


Aquí se revela un secreto profundo: la palabra יְהִי (Yehi), traducida como “sea”, está en forma futura. No dice “es la luz”, sino “que sea la luz”. Esto nos enseña que la realidad se crea proyectando hacia adelante, con una palabra que abre posibilidad y que llama a lo que todavía no existe para que se manifieste.


Este “Yehi” está conectado con el Nombre divino אֶהְיֶה (Ehieh / Yo seré) revelado a Moshé en la zarza ardiente (Shemot 3:14):


אֶהְיֶה אֲשֶׁר אֶהְיֶה


Ehieh Asher Ehieh - “Yo seré el que seré.”


Cuando decimos “yo soy” en hebreo (Ani Ehieh), estamos invocando una chispa de ese Nombre sagrado. Y aquí está la enseñanza: cada vez que decimos “yo soy” seguido de algo negativo, limitante o despectivo, estamos usando mal esa energía creativa, casi como si profanáramos el Nombre dentro de nosotros.


Esto conecta con uno de los Aseret HaDibrot (los Diez Mandamientos):


לֹא תִשָּׂא אֶת־שֵׁם־יְהֹוָה אֱלֹהֶיךָ לַשָּׁוְא


Lo tisa et Shem HaShem Elokecha lashav - “No tomarás el Nombre de HaShem, tu Dios, en vano.”


Cuando nos hablamos mal, cuando declaramos de nosotros mismos frases como “yo soy incapaz”, “yo soy inútil”, “yo soy indigno”, no solo estamos dañando nuestra autoestima: estamos usando el poder del Nombre en vano. Porque dentro de nosotros habita una chispa divina, y hablar mal de nosotros es hablar mal del Creador mismo que nos dio esa chispa.


Auto-reflexión.


Haz una pausa y observa tus pensamientos. Pregúntate: ¿Dónde hay oscuridad en mi vida? ¿Qué pensamientos me están nublando?


Respira profundo y recuerda: tu palabra crea. Cada vez que dices “yo soy”, estás abriendo una puerta de creación. Elige conscientemente decir “Yo soy luz, yo soy paz, yo soy plenitud”.


Reconoce que incluso en tus sombras hay un potencial de luz esperando a ser llamado con tu voz.



 
 
 

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