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La Creación de mi Mundo Interior

Rosh HaShaná no comienza en Rosh HaShaná. Comienza el 25 de Elul, cuando, según nuestros sabios, fue creado el mundo. Desde ese día hasta el 1 de Tishrei, cuando el ser humano fue formado, se nos regala un viaje de seis días de creación externa que reflejan seis movimientos internos. Son los pasos de nuestra propia creación, el mapa de nuestro corazón, mente, voluntad y acciones.


No es un tiempo de tristeza ni de culpa. Es el tiempo de renacer, de recordar que somos herederos de una tierra, no por mérito sino por esencia. Herederos porque somos una chispa divina: Él vive en nosotros, ama a través de nosotros, corrige a través de nosotros. Nosotros somos su canal de luz.


Los maestros jasídicos explican que el verdadero trabajo espiritual debe hacerse con alegría. El Baal Shem Tov decía que una lágrima abre las puertas de los cielos, pero la alegría abre las puertas del mismo corazón del Rey. Y Rabí Najman de Breslev nos enseñó: “Mitzvá gedolá lihyot besimjá tamid” – “Es una gran mitzvá estar siempre en alegría”.


Por eso, estos días de creación son un viaje no de culpa ni de tristeza, sino de plenitud y conexión. Todo gira en torno al amorahavá (אהבה), que en guematria es 13, el mismo valor que ejad (אחד), “uno”. El amor nos recuerda que en lo profundo, toda la creación es unidad, que amar es reconocer que no existe separación entre yo y el creador, o entre yo y la creación.


Ese amor se expresa en el corazónlev (לב), cuyo valor es 32. No es casual: la Torá tiene 32 senderos de sabiduría según el Sefer Yetzirá, y el corazón es el instrumento que nos permite caminar por ellos. Cuando el corazón se alinea con el amor, los senderos se abren y la vida se convierte en un mapa de luz.


La fuerza que impulsa al corazón es la voluntadratzon (רצון). Los sabios jasídicos enseñan que la voluntad es más elevada que la sabiduría, porque incluso la mente sigue la dirección del deseo. Y si esa voluntad se dirige al amor y a la conexión con el Creador, se convierte en el timón que conduce todo el viaje interior. El Rebe enseñó que ratzon conecta con eretz (ארץ, tierra), porque ambos provienen de la misma raíz: lo que la tierra hace brotar físicamente, la voluntad hace brotar espiritualmente.


Y finalmente está el gozosimjá (שמחה). Curiosamente, está formado por las mismas letras que majshavá (מחשבה), “pensamiento” pero sin la bet la misma letra de “Bereshit - y en un principio”. Quizás porque el principio de la felicidad está en nuestros pensamientos. Los maestros jasídicos explican que esto enseña que la verdadera alegría depende de dónde pongo mis pensamientos: cuando mis pensamientos son claros y elevados, la alegría brota de manera natural.


Un Pequeño Viaje por Tu Creación



Día 1 - Que “Sea la Luz”


El primer acto de la Creación fue luz. No una luz física, sino la Or HaGanuz, la luz escondida que ilumina el alma.

En nuestra vida, este es el despertar del amor esencial. El Alter Rebe (Tania) explica que el amor a HaShem, El Creador, no se crea, se revela: ya está en cada judío como herencia. El primer paso es encender esa chispa.


Mi mundo interior comienza cuando decido amar. La luz de mi alma es amor puro, y cuando la enciendo, todo mi mundo se ilumina.


Día 2 - “Que sea un firmamento en medio de las aguas”


Aquí las aguas fueron separadas: superiores y inferiores. El Rebe de Lubavitch explica que este acto enseña disciplina espiritual: saber separar entre lo que me eleva y lo que me confunde.


Pero separar no es rechazar. Es crear orden para que el corazón pueda latir en paz. Rabí Najman decía que muchas tristezas nacen de mezclar pensamientos, de no distinguir la voz del alma de la voz del miedo.


Abro un cielo en mi corazón. Pongo cada emoción en su lugar. Y en ese orden encuentro gozo, porque mi corazón se convierte en un cielo despejado.


Día 3 - “Que brote la tierra”


La tierra comenzó a dar frutos. La semilla en lo oculto rompió su límite y salió a la luz. El Baal Shem Tov enseñó que cada acto pequeño de bondad es como una semilla: puede parecer nada, pero florece en mundos enteros de bendición.


Este es el día en que surge la voluntad (ratzon). La tierra (eretz) y la voluntad (ratzon) comparten raíz, porque la verdadera tierra fértil es el alma que desea amar y dar.


Cada acto de amor que planto con alegría dará frutos eternos. Mi voluntad es tierra sagrada.


Día 4 - “Que haya lumbreras”


El sol, la luna y las estrellas ordenaron el tiempo. El Rebe de Lubavitch explicaba que así como el sol domina el día y la luna recibe y refleja, en la vida necesitamos momentos de dar y momentos de recibir, y ambos son sagrados.


La felicidad no está en controlar todos los tiempos, sino en bailar con ellos. Rabí Najman decía: “El mundo entero es un puente muy estrecho, y lo esencial es no tener miedo”.


Yo brillo como el sol cuando doy amor, y reflejo como la luna cuando recibo amor. Mi vida es un ciclo de alegría, nunca un círculo vacío.


Día 5 - “Que las aguas produzcan seres vivos”


Los mares y cielos se llenaron de peces y aves. Este es el día del movimiento, de la creatividad. El alma empieza a cantar.


El Maguid de Mezritch enseñaba que cada emoción es como un ave: si la encierro, muere; si la libero hacia lo alto, se convierte en plegaria. La alegría es dejar que mis emociones canten para HaShem.


Dejo fluir mis emociones como un río y las elevo como aves. Mi canto es gozo, mi movimiento es felicidad.


Día 6 - “Que la tierra produzca seres vivos… y el hombre”


Aquí surge el ser humano, que une cielo y tierra, lo potencial y lo material, la idea y la acción . El Alter Rebe explicó que Adam fue creado “a imagen divina” para revelar que el amor no es un sentimiento pasajero: es la esencia misma del alma.


El gozo verdadero es sentir que no estoy separado, que cada parte de mí puede integrarse: pensamientos, corazón, voluntad y acción en unidad.


Yo soy un microcosmos, un mundo entero. Cuando alineo mi amor con mis pensamientos, mi voluntad y mis actos, soy alegría viviente.


Día 7 - Rosh HaShaná – La coronación


El Creador descansó, y Adam fue coronado como rey. No porque lo mereciera, sino porque así fue amado.

El Rebe nos enseñó que en Rosh HaShaná el pueblo entero proclama: “HaShem es Rey”, y con ello se renueva la vida de todo el universo.


El gozo aquí es inmenso: recibo la herencia de mi tierra interior. No necesito conquistarla, ya es mía. En Yom Kippur la haré morada, pero en Rosh HaShaná ya la recibo con certeza.


Soy heredero de luz y amor, no por mérito sino por esencia. Él me vive, me ama, me canta a través de mi existencia.


Conclusión – La Herencia del Amor y la Alegría


Cada día de la creación es también un nacimiento en lo profundo de mi ser: la chispa de luz que enciende el corazón, el orden de las aguas que da paz, la tierra fértil donde brota el amor como semilla eterna, el ritmo de los astros que me enseñan humildad, el canto de las criaturas que me recuerdan la alegría de existir. Y al llegar a Rosh HaShaná, descubro que yo mismo soy un universo vivo, tejido de pensamiento, emoción, voluntad y acción, llamado a despertar con la certeza de que ya soy heredero: heredero de luz, heredero de amor, heredero de la plenitud del alma.


Por eso la teshuvá no es tristeza, sino regreso festivo; no es miedo, sino gozo. Es la sonrisa del hijo que vuelve al abrazo del Padre y escucha que la herencia siempre le perteneció. En este comienzo del año no busco perfección, busco conexión; no busco justificarme, busco celebrar. Porque Él vive en mí, ama a través de mí, se alegra a través de mí, y en ese amor todo se renueva. Rosh HaShaná es entonces la entrada a la tierra interior del alma, y Yom Kippur, el momento de habitarla con plenitud: un canto eterno de amor, unidad y alegría.

 
 
 

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