
La Luz no le pertenece a ninguna religión — Qué ocurre en el - Solsticio de invierno/ Diciembre
- Luis Alfredo De la Rosa
- 14 nov 2025
- 4 Min. de lectura
Hoy tuve una ligera conversación con un amigo de la Sinagoga muy simple que, sin embargo, abrió una puerta a una reflexión con mi familia bastante interesante. Un amigo de la comunidad le dijo a una joven que trabajaba en la judaica: “Te mando un pequeño detalle de cumpleaños… y de navidad. Inmediatamente se corrigió: “Perdón, verdad que nosotros no celebramos navidad.”
Y yo riendo y, casi sin pensar, le dije algo que después entendí que necesitaba decirse en voz alta: No celebramos navidad, es cierto. Pero tampoco tenemos que cerrar los ojos justo cuando El Creador abre uno de los paquetes energéticos más poderosos del año, solo porque no celebramos la navidad.
Y ahí siguió la conversación que luego generó esta humilde reflexión .
¿Qué ocurre en estas fechas?

Según los sabios de la Kabbalah, especialmente el Ari, el Ramak y los maestros que estudiaron los ciclos celestes, esta época del año —justo después del solsticio— no es un simple fenómeno astronómico. Es un movimiento espiritual profundo en los mundos superiores. A nivel cósmico ocurren tres cosas:
JOQ HA’OR — El Decreto de la Luz que vuelve a expandirse
En el solsticio de invierno (21/22 de diciembre del calendario gregoriano) la luz alcanza su punto más bajo. Es la noche más larga. El momento de mayor Tzimtzum(contracción). A partir del 24/25, la luz vuelve a crecer.
Esto no es casualidad. En Kabbalah se enseña que: El Creador decreta el aumento de la luz en los mundos. Así como en Elul decreta misericordia, y en Tishrei decreta renovación, en Tevet (Calendario hebreo) decreta expansión de luz después de la contracción.
Ese crecimiento físico de la luz solar es un espejo perfecto del crecimiento espiritual que ocurre en los planos superiores.
OROT MISTARIM — La Luz Oculta empieza a revelarse
Nuestros sabios explican que hay dos tipos de luz: Or Niglé — la luz revelada, la que ya conocemos. Or Ganuz / Or Mistár — la luz oculta, que se revela sólo en momentos específicos del año.
Justo después del solsticio, la luz oculta comienza a filtrarse. Esta luz despierta claridad mental, impulsa nuevas ideas, limpia sombras emocionales, abre puertas que estaban trabadas, y renueva el alma desde adentro.
Es un mini “Bereshit” dentro del calendario cósmico.
ITORERUT — El despertar del alma por resonancia
La Neshamá está diseñada para moverse con los ritmos del universo.
Cuando la luz física crece, la luz interna también se mueve.
Por eso, en estos días sentimos más sensibilidad, más introspección, más necesidad de unirnos, más deseo de comenzar otra vez, y una urgencia de poner orden interno.
No es psicológico. No es cultural. Es espiritual. Los cabalistas enseñan que la luz externa despierta la luz interna.
Entonces, ¿por qué muchas culturas celebraban estos días?
Porque instintivamente sabían que algo ocurría. El cristianismo eligió esta fecha por eso mismo: la energía ya existía.
Ellos le dieron su significado religioso, pero el paquete energético no nació con el cristianismo, y es un craso error asumir eso… La luz de El Creador no es propiedad de una tradición o religión.
¿Y los no cristianos podemos aprovecharlo?
Es aquí donde debemos ser muy claros: los no cristianos NO celebramos el nacimiento de Jesús. Los cristianos sí lo celebran, es algo muy respetable, y la intención de este escrito no es decir quien tiene la razón o no, pero Celebrar la “Navidad” no es nuestra historia, ni nuestra ideología, ni nuestro camino. Pero dejar pasar el movimiento espiritual del universo porque otra religión lo asoció a su narrativa, es como negarse a ver una puesta de sol porque otros la toman para meditar.
No tendría lógica. Lo que ocurre en estas fechas no es cristianismo, no es paganismo, no es idolatría, no es “navidad”, es naturaleza diseñada por El Creador Del Universo.
Es Torah pura: “Y fue la noche… y fue la mañana…”, “Y separó la luz de la oscuridad…” Ciclos. Ritmos. Creación.
¿Qué sí podemos hacer?

Podemos celebrar la expansión de la luz y hacerlo a nuestro modo, con nuestra identidad, con nuestra conciencia judía, con nuestras prácticas: encender una vela, agradecer, unir a la familia, bendecir, decretar, soltar y recibir, abrir el corazón, compartir una cena, elevar una copa, hablar de luz, sembrar claridad.
No es navidad. No es adopción de símbolos ajenos. No es sincretismo. Es conectarse con el ritmo que El Creador colocó en la creación.
Así que querido amigo - y cualquier persona no Cristiana que me lea - escribí esas palabras porque me quedé con ganas de terminar nuestra conversación entre los pasillos de la judaica, pero el Shabbat y sus preparativos nos llevaron a cada quien a sus afanes. Quise dejarte una reflexión que salió de aquel instante y que ahora te comparto con más calma:
No celebramos la “Navidad”. Eso está claro y lo digo con toda firmeza. Pero tampoco tiene sentido cerrar los ojos cuando El Creador de Los Mundos abre una puerta en la creación. En estos días, después del punto más oscuro, ocurre algo que los sabios de la Kabbalah nombran y sienten: el Tzimtzum alcanza su mínimo y comienza la Hitpashtut —la expansión de la Luz. Desde lo Alto desciende una semilla de Or Ganuz, una chispa que disuelve bloqueos, suaviza juicio y despierta la Neshamá a nuevas posibilidades.
No es una moda ni una narrativa extranjera: es ritmo del universo, diseño de HaShem. Si la creación se abre, nuestra tarea espiritual es responder —no imitando símbolos ajenos, sino encendiendo la luz con la identidad de la Torah: agradecer, unirnos, declarar, soltar y recibir. Eso fue lo que intenté transmitir hoy: una fecha cómo esa no es una celebración de cumpleaños, no es una adhesión teológica; es un gesto humano que puede resonar con la misericordia de los mundos superiores.
Te lo digo como amigo y como hijo de la tradición: la Luz que vuelve a crecer no es de Roma ni de nadie; es de HaShem. Cuando la Luz, cuando esa energía tan pura y poderosa toca los corazones, las familias se acercan, la palabra humilde se vuelve bendición y la mesa se transforma en altar de unión. Te agradezco por el cariño que me demostraste luego de nuestra conversación en la judaica y por tu sensibilidad; ojalá estas palabras cierren aquel hilo interrumpido con claridad y paz.
La luz que crece estos días no es cristiana. No es romana. No pertenece a ninguna religión. La luz es de HaShem. Y si la creación se está expandiendo, nosotros también podemos expandirnos. Y eso —solo eso—vale la pena celebrarlo.
Con mucho aprecio y bendición,
Elisha Ben Abraham



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