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“Lo que eliges ver es lo que creas” - Parashat Re’eh

Actualizado: 19 ago 2025

La Torah esta semana abre con una palabra que nos descoloca: “Re’eh – Mira”.


ראה אנכי נתן לפניכם היום ברכה וקללה

“Re’eh, anojí notén lifneichem hayom berajá uklalá” “¡Mira! Hoy pongo delante de vosotros bendición y maldición.” (Devarim 11:26)


No dice “Shema – Escucha”, como en el Shemá Israel que repetimos todos los días. Dice Mira.


¿Por qué? …Moshé está de pie frente al pueblo, y en lugar de hablarles como a un colectivo, usa la forma singular: “Re’eh – tú!!!! mira!!!!”. Es como si señalara a cada persona en particular: “Esto es contigo, no con tu vecino, no con tu familia, no con tu comunidad. Tú eliges. Tú ves. Tú decides.”


La Parashá nos habla de bendiciones y maldiciones, de mitzvot y de idolatría, de fiestas, de diezmos, de cuidar al necesitado, de la centralidad de Yerushaláyim… pero todo esto comienza con un simple acto: ¿qué lentes te vas a poner para mirar la vida?


La palabra Re’eh – visión interior



A nivel lingüístico, Re’eh (ראה) significa ver, pero también percibir, contemplar, entender profundamente. En el TaNaK, “ver” muchas veces se usa como sinónimo de “revelación profética”: los profetas son llamados “ro’ím” (los que ven).


Escuchar depende de que otro hable. Ver depende de mi decisión de abrir los ojos. Nuestros maestros dicen que la visión es más poderosa que la audición, porque lo que uno ve deja huella inmediata y casi indeleble en la conciencia. Lo que escuchamos puede olvidarse o ponerse en duda. Lo que vemos, lo cargamos dentro.


En gematría, Re’eh (ראה) = 206. Este número es el mismo que דבר (davar) = palabra, cosa. Esto enseña que lo que vemos con nuestros ojos internos, eso se convierte en el “davar”, en la cosa que se materializa en nuestra vida.


Es decir: ver no es pasivo. Ver es un acto creativo. Lo que eliges mirar, eso es lo que traes a tu realidad.


La mirada que moldea el corazón


Cuando hablamos de “ver”, no nos referimos solo a captar imágenes externas, sino a la manera en que esas imágenes se imprimen en nuestro corazón. La visión interior no se limita a registrar lo que está frente a nosotros: lo interpreta, lo colorea y lo convierte en emoción. Por eso dos personas pueden mirar la misma escena y salir con sentimientos opuestos: uno con esperanza, otro con amargura.


Nuestros sabios enseñan que el ojo no es un espejo, sino una puerta. Lo que dejamos entrar por esa puerta acaba influyendo en nuestros pensamientos, en nuestro estado de ánimo y en la forma en que nos relacionamos con los demás. La visión, entonces, no solo moldea el mundo que vemos afuera, sino también el universo que vivimos dentro.


Aquí está el verdadero poder de Re’eh: elegir conscientemente cómo mirar. Porque de esa elección depende si nuestro corazón se llena de gratitud o de queja, de alegría expansiva o de tristeza que encoge. Y como el alma es una vasija, lo que contiene esa vasija es lo que atrae del mundo superior.



El Zohar: alegría abre canales, tristeza los bloquea


El Zohar nos da una clave impresionante: el mundo de abajo está diseñado para recibir del mundo de arriba, como un río que fluye constantemente. Pero la fuerza de ese río depende de un detalle: nuestro estado de ánimo.


La alegría abre los canales y hace que la abundancia fluya como un torrente. La tristeza, la ansiedad y la queja los bloquean, reduciendo todo a pequeñas gotas.


Imagina esto: si quieres una fórmula infalible para no prosperar, basta con estar deprimido, de mal genio o en queja todo el día. Nadie necesita magia negra, basta con la amargura.


Rabí Najman lo resumía así: “Es una mitzvá estar siempre en alegría.” No como una obligación aburrida, sino porque la alegría ensancha la vasija del alma.


Depresión vs Alegría – ¿qué lentes estás usando?



La cabalá explica que cuando el hombre se ve a sí mismo como limitado, automáticamente limita al Creador en su vida. Se achica la vasija, se achica el canal. Pero cuando el hombre recuerda que es una chispa del Infinito, entonces la vasija se agranda y el Shefa se multiplica. Como si dijéramos: “Hashem puede hacer mucho… pero no en mi vida, no en mi negocio, no en mi familia”.


Pero cuando recordamos que somos parte del Infinito, que nuestra alma es una chispa divina, entonces nuestra vasija se expande y la abundancia fluye.


Esto no significa negar los problemas. Significa elegir con qué lentes los vamos a mirar: ¿Veo solo el obstáculo o veo la oportunidad? ¿Veo lo que me falta o lo que ya tengo? ¿Veo la maldición o me enfoco en la bendición? En cada situación hay una chispa de bendición escondida. “Re’eh” es abrir los ojos para encontrarla.


Rabí Najman decía: “El mundo entero es un puente muy estrecho, y lo principal es no tener miedo.” No tener miedo significa: no dejar que la tristeza te robe la visión.


Y en lo cotidiano…


Muchos creen que la abundancia llega solo con más esfuerzo, más trabajo, más desvelo. Pero la Torah nos enseña que no es así. Claro que necesitamos poner acción, pero la abundancia no proviene de las horas trabajadas, sino de cómo nos relacionamos con la Fuente.


Si trabajas desde el miedo, cierras la puerta. Si trabajas desde la gratitud y la alegría, dejas que los cielos trabajen contigo.


El Baal Shem Tov decía: “Donde están tus pensamientos, ahí estás todo tú.” Si tus pensamientos están en la carencia, ahí vives, aunque tengas dinero. Si tus pensamientos están en la abundancia, ahí vives, aunque todavía no haya llegado el fruto.


Re’eh es la invitación a cambiar el lente. A ver lo que hay, no lo que falta. A ver la bendición escondida en cada detalle.


Aplicación práctica de la semana


Ejercicio de la mañana: Antes de empezar el día, di en voz alta tres cosas que ya son bendición en tu vida. Esto abre los ojos del alma.


Chequeo de lentes: Cada vez que surja un problema, pregúntate: ¿qué bendición escondida puedo ver aquí?


Alegría consciente: Haz un acto concreto de alegría (cantar, bailar, agradecer) justo en el momento en que tu ánimo quiera decaer.


Espacio al Creador: Haz tu parte en tu trabajo, pero al terminar, suelta el control y di: “Ahora, Hashem, es tu turno de hacer fluir la bendición.”


Conclusión - La Bendición Está Delante de Tus Ojos


Imagina por un momento a Moshé, de pie frente a Israel, en el último tramo de su vida. Su voz ya no es la del joven príncipe del palacio, ni la del pastor solitario en el desierto, ni siquiera la del líder en medio del Sinaí. Es la voz de un hombre que lo ha visto todo: la opresión, la liberación, la rebelión, los milagros. Y aun así, lo que quiere transmitir en sus últimas palabras es algo tan simple y tan profundo como esto:


“Mira.”


Como si nos dijera:

—“No compliques tanto la vida. No pienses que la bendición está lejos, en otro lugar, en otro tiempo, en otra persona. Está justo aquí, delante de ti. Solo tienes que abrir los ojos.”


Cada día, Hashem pone ante nosotros dos paisajes. El primero está hecho de sombras, de quejas, de límites. El segundo está hecho de luz, de gratitud, de posibilidades. Los dos existen. Los dos son reales. Pero la pregunta que Moshé nos deja es: ¿cuál vas a mirar?


El Zohar dice que el mundo de arriba derrama constantemente bendición sobre el mundo de abajo. Ese río nunca se detiene. El único que puede cerrarle la llave somos nosotros, con nuestros miedos, con nuestras tristezas, con nuestra mirada encogida. Y el único que puede abrirlo, también somos nosotros, con una sonrisa, con un pensamiento de gratitud, con un acto de alegría aunque parezca pequeño.


Así, la vida entera se resume en un instante: el instante en el que decides cómo mirar. No es magia, es más simple y más verdadero que eso: lo que eliges ver, eso es lo que creas.


Por eso esta parashá no comienza con un mandamiento complejo, ni con un relato histórico, ni con un código legal. Comienza con un verbo sencillo: Re’eh. Mira.


Que esta semana podamos mirar con los ojos del alma. Que sepamos encontrar bendiciones donde otros solo ven problemas. Que sepamos ver abundancia donde otros solo ven escasez. Que sepamos ver al Creador sonriendo detrás de cada circunstancia.


Y que al abrir nuestros ojos, abramos también los canales del cielo, para que la luz, la paz y la abundancia fluyan sin medida en nuestras vidas.

 
 
 

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