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Perlas de Torah para la mesa de Shabbat

Actualizado: 21 ene


Primera perla: Del Nombre al Ser


וָאֵרָא אֶל־אַבְרָהָם אֶל־יִצְחָק וְאֶל־יַעֲקֹב - “Me dejé ver ante Abraham, Yitzjak y Yaakov” (Shemot 6:3)


Vaerá significa “me dejé ver”. Literalmente, HaShem se revela, pero a nivel de sod nos habla de la percepción interna: la realidad siempre estuvo, pero aún no se podía reconocer. Los patriarcas conocieron a HaShem como El Shaddai, un Nombre de promesa y contención; vivían desde la fe y la visión futura, sin experimentar la identidad como presencia activa.


אֲנִי יְהֹוָה - “Yo soy YHVH” (Shemot 6:2)


Con Moshé, el Nombre cambia. Literalmente: “Yo soy YHVH”; a nivel de sod, nos invita a habitarlo, a convertirse en el estado que crea la realidad. No se espera algo externo: pensamiento, emoción y acción se alinean con la fuerza que organiza la vida. La liberación empieza cuando reconocemos la vida como expresión del Nombre, no como algo que hay que conseguir afuera.


En la vida cotidiana, esto nos enseña que la libertad y la creatividad dependen de quiénes somos por dentro. Comenzar a habitar Havayah significa dejar de pedir y empezar a ser aquello que deseamos, reconociendo que la vida se mueve porque el Nombre vive a través nuestro.


Segunda perla: Acercarse al Faraón


בֹּא אֶל־פַּרְעֹה - “Ven al Faraón” (Shemot 7:1)


Literalmente, Bo significa “entra, acércate”. A nivel de sod, indica acercarse a aquello que creemos que controla nuestra vida: el ego. El palacio del Faraón representa nuestro miedo, nuestra resistencia y las estructuras internas que sostienen lo conocido. Moshé en nosotros simboliza la consciencia despierta que recuerda el Nombre, Aharón la fuerza que traduce esa presencia en acción y manifestación, y el Faraón nuestro ego, que resiste hasta reconocer su propia función dentro del juego de la vida.


שַׁלַּח אֶת־עַמִּי“Deja ir a mi pueblo”  (Shemot 5:1)


Literalmente es un mandato; a nivel de sod, nos invita a soltar lo que ya no sirve. La verdadera libertad no surge de la lucha, sino de permitir que la consciencia actúe desde el Nombre. Cuando Moshé y Aharón entran al palacio, es la integración de intención y acción que nos permite dejar ir patrones antiguos y alinearnos con Havayah.


Esto nos muestra que mirar honestamente lo que nos frena y permitirnos soltar es la forma de encarnar el Nombre. Cada desafío se convierte en una oportunidad de actuar desde la presencia, integrando consciencia y acción sin miedo.


Tercera perla: Las plagas y la consciencia


וַיְהִי יְיָ אֶת־רַגְלָיו עַל־אֲרֶץ מִצְרַיִם “HaShem puso sus pies sobre la tierra de Mitzráyim” (Shemot 8:20)


Raglav significa literalmente “sus pies”, pero a nivel de sod, simboliza la presencia activa del Nombre que camina sobre la consciencia, manifestándose paso a paso. Las plagas no son castigos, sino escalones de percepción que muestran dónde la ilusión de control aún domina. Cada desafío revela resistencia, pero también la oportunidad de alinear nuestra vida con la fuerza interna que nos habita.


וְלֹא שִׁלַּח אֶת־בְּנֵי יִשְׂרָאֵל “Y no envió a los Hijos de Israel” (Shemot 9:35)


El Faraón se endurece. Literalmente es resistencia; a nivel de sod, refleja el ego que intenta mantener lo conocido frente a la expansión de la consciencia. No es maldad: es señal de que la luz empieza a reorganizar lo que antes parecía sólido. Las “plagas” externas son oportunidades internas de transformación.


Aplicado a nuestra vida, esto nos enseña que cada crisis o desafío nos llama a habitar el Nombre. Cada acto consciente desde coherencia —pensamiento, emoción y acción alineados— es un paso hacia la verdadera libertad y nos permite integrar al ego en algo más grande, convirtiendo resistencia en aprendizaje.


De mí para tu mesa de Shabbat



Esta semana la Torah nos enseña que la verdadera libertad comienza dentro de nosotros, cuando dejamos de luchar contra lo que nos frena y empezamos a habitar el Nombre de YHVH, comenzamos a vivir Havayah y personificarlo en nuestra vida. Moshé en nosotros es la consciencia despierta que recuerda quién es, Aharón es la acción que traduce esa consciencia al mundo, y el Faraón es el ego que necesita ser integrado, no eliminado.


Cada desafío, cada miedo o resistencia, es una oportunidad para alinear pensamiento, emoción y acción con la presencia interna. Habitar el Nombre nos permite transformar cualquier dificultad en un acto creativo, cualquier crisis en enseñanza, y cualquier momento de tensión en una manifestación de amor consciente.


Esta semana, en la mesa de Shabbat, podemos recordar que la vida es un juego que se ama y se vive plenamente. No necesitamos vencer al ego ni controlar la realidad: podemos incluirlo en algo más grande, dejar ir lo que ya no sirve y permitir que el Creador se exprese a través nuestro. Alli comienza la redención interna, y la existencia se convierte en un flujo de consciencia, presencia y libertad auténtica.

 
 
 

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