
Perlas de Torah para la Mesa de Shabbat - Shemot
- Luis Alfredo De la Rosa
- 9 ene
- 3 Min. de lectura
Perla 1 — El olvido del Nombre: cuando se pierde la lectura del flujo
Shemot – Nombres no es un simple listado de personas ni la historia de un éxodo. Un shem —nombre— no es una etiqueta: es la forma en que una fuerza se expresa en la realidad.
Cuando la Torá dice “Estos son los nombres”, está diciendo: estos son los estados de conciencia con los que se entra al mundo. El descenso a Mitzráyim no comienza con cadenas externas, sino con el olvido del Nombre: del propósito, de la identidad viva y de la lectura del proceso.
Por eso se dice que se levantó “un rey nuevo que no conoció a Yosef”. No es ignorancia histórica, sino desconexión de conciencia. Yosef representa la capacidad de leer el flujo, interpretar los ciclos y sostener abundancia. El Ser es capaz de conocer al otro cuando cuando se abre al otro, cuando deja de ser solo “yo” y se vuelve canal.
Cuando esa lectura se pierde, el liderazgo deja de ser Melej —reinado como coherencia— y se transforma en Paroh, una conciencia que ya no acompaña el devenir y por eso intenta controlarlo.
Perla: cuando se olvida el Nombre y se pierde la lectura del flujo, el poder deja de reinar y comienza a controlar, comienza a esclavizar.
Perla 2 — Del palacio al desierto: crecer, romper y afinar
La Torá dice: וַיִּגְדַּל מֹשֶׁה – Vayigdal Moshe. Moshe “crece” en la casa de Paroh, pero gadal no es solo crecer en edad: es expandirse, adquirir peso interior, volverse significativo. Su conciencia se expande dentro del sistema que esclaviza; esto no es un error, es diseño.
Cuando sale y ve el sufrimiento, la Torá dice: וַיַּךְ אֶת־הַמִּצְרִי – Vayaj et haMitzrí. No dice que mató, sino que golpeó, quebró una fuerza. Moshe intenta romper la opresión, pero aún lo hace desde el impulso, usando herramientas del mismo sistema que lo formó. Hay despertar, pero todavía no hay afinación.
Por eso continúa: וַיִּבְרַח מֹשֶׁה – Vayivraj Moshe. No es solo huida por miedo, es salida de una identidad que ya no puede sostenerse. El palacio ya no lo contiene y la huida lo lleva al midbar, el desierto: no como castigo, sino como espacio de disponibilidad total, donde el yo se vacía del control aprendido y, pastoreando, Moshe aprende a guiar sin imponer y a escuchar el ritmo del otro.
Perla: la redención no nace de huir ni de romper el sistema, sino de despertar dentro de él, atravesar el quiebre y permitir que el desierto transforme el impulso en coherencia.
Perla 3 — Ver y Ser: la zarza y Ehyeh Asher Ehyeh
La Torá dice: וַיַּרְא… וַיַּרְא מֹשֶׁה — “y vio… y Moshe vio”. Muchos pasaron por ahí; solo Moshe vio, porque en la Torá ver no es mirar, sino detenerse, abrirse y dejarse tocar.
Moshe ve una zarza que arde y no se consume: infinito habitando lo finito, presencia viva dentro de la materia. No huye ni explica; se acerca. Ese gesto —acercarse para ver— es el inicio de toda revelación.
Allí el Nombre se revela: אֶהְיֶה אֲשֶׁר אֶהְיֶה – Ehyeh Asher Ehyeh. No es un Nombre para pronunciar, sino un modo de estar. No dice “Yo soy”, dice “Seré”. Asher no separa, conecta: seré aquello a lo que doy coherencia, conexión y expresión. Donde hay atención, Ehyeh ocurre.
Perla: no buscamos aprender a decir un Nombre; buscamos SER la vasija donde el Nombre puede ser.
De mí para tu mesa — ¿Qué Nombre estoy habitando?




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