
Shoftim: La Guerra Interior y los Cuatro Hombres
- Luis Alfredo De la Rosa
- 26 ago 2025
- 5 Min. de lectura
Esta mañana, mientras esperaba a que mi esposa me recogiera después de Shajarit, el sobrino de mi rabino me lanzó una pregunta inesperada: “¿Ya estudiaste la parashá?”. Con una sonrisa le respondí: “Sí… y no”. Sí, porque había escuchado una enseñanza sobre la parashá; y no, porque aunque recordaba bien de qué trataba, aún no había interiorizado su mensaje.
Él, con la sinceridad y la curiosidad de un joven, me presionó: “¿Cómo así que no lo entendiste?”. En ese momento comprendí algo: a veces creemos que estudiamos porque escuchamos una clase o porque recordamos el tema, pero el verdadero estudio comienza cuando nos hacemos preguntas, cuando buscamos el sentido oculto y cuando el texto nos confronta. Esa vez, fueron sus preguntas —simples pero directas— las que me abrieron una puerta que no había visto.
El tema de la clase que yo había escuchado era sobre los cuatro hombres que están exentos de la guerra. Y fue entonces, en medio de esa conversación improvisada, que la parashá de esta semana cobró vida para mí.
La Guerra según Shoftim

La parashá Shoftim nos habla de leyes sobre la guerra. En un pasaje muy particular (Devarim 20:5–8), la Torá describe cuatro tipos de hombres que no salen a la batalla:
• aquel que construyó una casa y no la ha inaugurado,
• el que plantó una viña y no la ha estrenado,
• el que se ha comprometido y aún no se ha casado,
• y finalmente, el que tiene miedo.
A primera vista parece un tema puramente militar, pero en realidad la Torá nos está mostrando un espejo de nuestra guerra más profunda: la guerra interior.
La batalla más importante no se libra con espadas ni ejércitos, sino en el corazón y en la mente. Cada día luchamos por conquistar nuestra propia tierra interior. Y cada victoria, por pequeña que parezca —un pensamiento puro, una palabra buena, una acción de bondad— es un pedazo de Eretz Israel ganado para el alma.
Shoftim: los jueces interiores

En este contexto, el nombre de la parashá, Shoftim (שֹׁפְטִים, “jueces”), es central. La Torá comienza ordenando:
“Shoftim ve’shotrim titén lejá” — “Jueces y oficiales pondrás para ti” (Devarim 16:18).
Más allá de lo legal, nuestros sabios explican que esto significa que debemos colocar jueces dentro de nosotros mismos: voces internas que examinen, que disiernan, que nos guíen antes de actuar. Así como una nación no puede sobrevivir sin justicia, el alma no puede avanzar sin la capacidad de juzgarse a sí misma con claridad.
La Guerra — ¿De qué se trata realmente?

En el nivel literal, la Torá se refiere a las guerras por la conquista y defensa de Eretz Israel. Pero en la lectura espiritual, la guerra representa la lucha interior contra el yetzer hará (ego, inclinaciones destructivas).
En la mística judía, Eretz Yisrael, la Tierra Prometida, no es solo un territorio; es el Eretz que viene de ratzón (deseo). Es el lugar interno donde el alma busca unirse con la Voluntad Divina.
Las siete naciones que habitaban la tierra representan las siete emociones del alma animal: orgullo, ira, lujuria, celos, flojera, gula y desesperación. Conquistarlas significa refinar nuestras middot y hacerlas vasijas de santidad.
El Baal Shem Tov enseñó que cada día el judío despierta a una batalla. Cada pensamiento, palabra y acción son un campo de guerra donde el alma debe elegir: servir al Yo Divino o al ego.
Los Cuatro Hombres — Mapas del Alma

1. El Hombre de la Casa
• Sentido simple: el que construyó una casa pero no la ha inaugurado.
• Nivel místico: la casa simboliza el cuerpo, recipiente donde mora el alma. Si aún no se ha dedicado a lo sagrado, es solo una estructura vacía.
• Conciencia: nivel de Néfesh, la fuerza vital básica, ligada a la vida física y a las emociones instintivas.
En la guerra, un cuerpo no inaugurado en santidad es frágil en la batalla espiritual. La primera tarea es hacer del cuerpo una morada de la Shejiná.
2. El Hombre de la Viña
• Sentido simple: plantó una viña pero aún no probó de su fruto.
• Nivel místico: la viña simboliza las emociones (Ruaj) que, como vides, se expanden y dan uvas. Plantar sin probar significa despertar deseos sin transformarlos en alegría y amor divino.
• Conciencia: nivel de Ruaj, ligado a los sentimientos elevados, la moral y la capacidad de elección.
En la guerra, entrar con emociones no refinadas es arriesgar la victoria. El Maguid de Mezritch enseñaba que el amor debe convertirse en amor a Hashem, y el temor en sobrecogimiento reverente ante Su infinitud: no miedo, sino conciencia profunda de la grandeza de HaShem.
3. El Hombre de la Mujer
• Sentido simple: comprometido pero no casado.
• Nivel místico: la mujer simboliza la Shejiná. Compromiso sin unión es conocimiento sin acción, deseo sin consumación.
• Conciencia: nivel de Neshamá, la mente que percibe a HaShem pero que aún no se fusiona con Él.
En la guerra, un alma dividida no se mantiene firme. El Alter Rebe enseñaba que el intelecto debe “casarse” con la emoción y la acción para que la luz se revele en el mundo.
4. El Hombre Temoroso
• Sentido simple: teme morir en la guerra, o según los sabios, teme por los errores que ha cometido.
• Nivel místico: el miedo refleja falta de bitajón (confianza) en la Unidad Divina.
• Conciencia: niveles de Jaiá y Yejidá, las dimensiones más altas del alma, donde se revela el “Ein Od Milvadó” — “No hay nada fuera de HaShem”.
En la guerra, quien teme contagia su miedo a otros. El Baal Shem Tov enseñaba que el Yejidá nunca conoce miedo, porque sabe que la muerte no existe para quien está fundido en la Luz.
El Significado Profundo de la Guerra

Sí, la guerra en la Torá es la conquista de Eretz Israel. Pero cada generación debe leerla como la conquista del corazón.
El Sefat Emet (Shoftim 5641) enseña: “La guerra de Israel es la guerra contra el yetzer. Solo cuando el hombre dedica su cuerpo (casa), transforma sus emociones (viña), une su intelecto con la acción (mujer) y revela su Yejidá (vence el miedo), puede conquistar su Eretz Israel interior.”
La casa nos recuerda dedicar el cuerpo a la luz (nefesh). La viña nos exige refinar las emociones para que den frutos santos (ruaj). El matrimonio nos llama a unir pensamiento, emoción y acción en armonía divina (neshamá). El temor se vence revelando la chispa del alma que sabe que todo es Uno.
Así, cada día, cada palabra y cada acto se convierten en batallas ganadas para la luz. Y cada victoria nos acerca a poseer plenamente nuestra Eretz Israel interior.
Reflexión Personal

Shoftim nos enseña que la primera guerra no se libra afuera, sino dentro de nosotros. Antes de entrar en cualquier batalla, necesitamos un juez interior, una voz de conciencia iluminada por la Torá que nos recuerde que la lucha verdadera no busca destruir, sino revelar más amor y más conexión.
Los cuatro hombres exentos de la guerra no son solo figuras históricas, sino estados internos: la casa que debemos dedicar como morada del alma, la viña que debemos cultivar con frutos de bondad, la unión entre cuerpo y espíritu que da vida y propósito, y el miedo que debe transformarse en yirat HaShem, conciencia reverente de la Presencia Divina que se convierte en fuerza y confianza.
El verdadero Eretz Israel es nuestra tierra interior, ese espacio sagrado que se conquista con pensamientos claros, palabras de bien y acciones de amor. Cada pequeño acto es un pedazo de esa tierra recuperada para la luz.
La pregunta vuelve a ti: ¿cuál de estos cuatro hombres eres hoy? ¿Qué terreno interior necesitas conquistar ahora? El Shoftim dentro de ti es quien puede guiar tu corazón para que cada victoria no sea solo personal, sino un paso más en la revelación de paz, claridad y unión con el Creador.



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